CRITERIOS LIBERALES. REFLEXIONES ACTUALES SOBRE GAITÁN, LA MASONERÍA Y EL ACONTECER NACIONAL

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Hoy contamos con un columnista Colombiano, José Hoffman Delvalle, prestigioso abogado en proceso de Doctorado. Se hablará sobre la vida del caudillo Jorge Eliécer Gaitán visto desde un punto de vista Masónico.

Por.: José A. Hofmann Delvalle –  josehd013@gmail.com

José A. Hoffman Delvalle, autor del escrito

Escribiré unas palabras en torno a Gaitán, la masonería y el acontecer nacional, esto con el fin de realizar un llamado a los Queridos Hermanos y plantearles determinadas reflexiones por este medio digital. Lo haré en forma breve, dado que las dinámicas de los tiempos actuales, así lo imponen.

La figura de Gaitán, es sin duda una de las más interesantes y vigentes en la vida colombiana. Aunque la praxis de su pensamiento quedó trunca con su asesinato, bien podría decirse que el mismo, al igual que su propio periplo vital, constituye uno de los pocos referentes de auténtica modernidad en nuestro medio.

En efecto, su extensa y brillante trayectoria, que lo llevó a ocupar cargos como el de Rector de la Universidad Libre, segundo designado a la Presidencia de la República, Alcalde de Bogotá, Magistrado de la Corte Suprema de Justicia, ministro de Educación y de Trabajo, entre otras importantes dignidades que ocupó con lujo de competencia, además de candidato presidencial en 1946 y Jefe del Partido Liberal en 1948, no fueron la consecuencia de los privilegios aristocráticos tan comunes en nuestro medio, sino el resultado consciente de la lucha heroica por su superación personal junto con su madre en medio de las peores circunstancias. Sobre esto último diría  “(…) Y si algo me faltara, ahí está la sombra de quien fue mi todo, aquella humilde maestra de escuela que me enseñó que lo imposible no es sino lo difícil mirado por ojos donde no ha nacido la fe y ha muerto la esperanza (…)”.

Menciono esto, porque a diferencia de otros políticos y teóricos, en el caso de Jorge Eliécer Gaitán, su experiencia vital alimenta  e inspira en forma directa sus planteamientos doctrinarios. “Mis ideas no son el resultado de la pura especulación filosófica, sino del conocimiento adquirido en las angustias de infancia”, diría. Pero, ¿cuáles eran sus ideas?, ¿era un simple demagogo, un fascista o un comunista, como decían sus enconados adversarios?. Desde aquí se responde que ninguna de estas apreciaciones era cierta, por las razones que se mencionarán a continuación.

Máscara Mortuoria de Jorge Eliécer Gaitán ubicada en la Gran Logia de Colombia con sede en Bogotá

A quienes afirman que era un simple demagogo, habría que recordarles que ignoran la larga trayectoria profesional de Gaitán y su profunda formación intelectual que lo llevó a pertenecer  a varias academias de pensamiento de Europa y a la Academia Colombiana de Jurisprudencia. Quienes responden, por su lado, que era un fascista o comunista, habría que remitirlos a leer su obra completa, dentro de la cual se encuentra no sólo su tesis de grado como abogado Las ideas socialistas en Colombia (1926), sino también sus obras Liberalismo y socialismo (1931), Igualdad de derechos para la mujer (1934), La izquierda no es anarquía (1936), Educación primaria (1940), El reeleccionismo es fatal en un régimen presidencial (1941), Sobre el voto obligatorio (1942), Discurso programa (1945), El país político y el país nacional (1946) y Plataforma del Teatro Colón (1947).

Del conjunto de su extensa obra, se delinea un hombre respetuoso de las ideas ajenas y a las libertades individuales, pero también atento a las necesidades sociales de la colectividad y sus miembros más necesitados. Es así como en su obra  Liberalismo y socialismo (1931), planteó con meridiana claridad lo siguiente:

“Desde el punto de vista ideológico nuestra actitud política es neta y clara. Puede decirse que los partidos son un vértice en el que confluyen dos aristas. Una, la exclusivamente política, la que se refiere a las garantías sociales, a la libertad humana, al patrimonio de la individualidad. Esa fue la gran lucha del siglo XVIII, la gran batalla de la Revolución Francesa, que es distinta de la lucha económica (…) grande y magnífico ha sido el partido liberal en defensa de esos postulados. Quizás el más grande de los partidos liberales de América, porque ha sabido modelar con perseverancia y esfuerzos heroicos esas libertades y esos principios como base insustituible de nuestra vida democrática (…)

(…) Pero decía que hay una segunda arista: el problema económico que no conocieron nuestros mayores, los próceres del liberalismo, porque ese problema sólo se incrustó con relieves exactos en los partidos, de la guerra de 1914 para acá. Los viejos patricios liberales enfocaban el problema económico en forma muy distinta a como lo vemos nosotros, ya que él ha surgido no por un capricho demagógico de los hombres sino por fenómenos de determinación histórica. Es una lucha que sólo se plantea para el día de hoy y que es necesario resolverla con el criterio presente. Frente a ese problema dos grandes fuerzas concurren enfrentadas: el criterio individualista que es el conservador y el criterio socialista que es el de la izquierda (…)”.

Se revela en estas palabras a Gaitán como heredero directo  de la tradición trazada por Rafael Uribe Uribe, donde el objetivo de la política de masas sigue siendo la concreción de la libertad individual, pero para que esto sea posible, no basta con su mera enunciación formal en la ley, se precisa de la creación de una serie de condiciones materiales mínimas a todos los habitantes del territorio para garantizarla en la práctica, pues nadie puede proclamarse libre cuando es sometido a formas de explotación económica o carece de los medios necesarios para llevar una existencia digna. Nada más alejado del totalitarismo marxista o fascista que le endilgaban injustamente sus adversarios.

 

Gaitán era así, un inequívoco, coherente e íntegro luchador por la consecución de la libertad, igualdad y fraternidad entre los hombres. Pero no lo era en forma fortuita, lo era en su condición de masón.

Tal condición fue refrendada por contemporáneos suyos, dentro de los cuales se encuentra el abuelo del suscrito, Efraím S. Delvalle, quien fuera senador gaitanista y compañero de logia del mártir, además de los documentos que en tal sentido reposan en el archivo de la Orden Masónica, los cuales fueron dados a conocer recientemente ante la opinión pública.

Entorno a su condición de masón, Gaitán haría referencia a la misma en un discurso pronunciado en el Teatro Municipal en 1946, proclamando “¡Tenemos el concepto de que la vida es una cantera y que la piedra de esa cantera no se transforma en catedral o en estatua sino con los cinceles de la pasión y de la voluntad!”, en clara referencia a los elementos centrales del Simbolismo Escocista del Primer Grado, cuyos detalles no es del caso mencionar en el presente escrito.

Tal condición de masón, lo hermanaba con los 3 presidentes que gobernaron a Colombia en el periodo conocido como República Liberal (1930 – 1946): Enrique Olaya Herrera, Alfonso López Pumarejo y Eduardo Santos, éste último padrino de matrimonio de Gaitán y quien con indudable espíritu democrático, le entregaría las llaves de la conducción del Partido Liberal tras su derrota ante Mariano Ospina Pérez en 1946.

Nadie se equivoque y es hora de decirlo en voz alta: masonería, talante e ideas liberales, han formado un binomio sin el cual se pueden entender las reivindicaciones más importantes en favor del Pueblo durante toda la historia republicana de Colombia. Así, es tiempo que la Orden despierte de su marasmo actual, para que desde un criterio liberal –en el sentido filosófico del término y nunca político  /  electoral-, le plantee a la sociedad colombiana que se encuentra huérfana de ideas en el debate público, una serie de ideas o tópicos disímiles cuya principal misión debe ser introducirla con ímpetu revolucionario en el Siglo XXI tales como: reforma del poder presidencial imperial y su posible sustitución por un sistema parlamentario, reforma al actual sistema de partidos políticos, tránsito de un poder territorial centralizado a un país de regiones, reforma agraria, reforma urbana, expedición del estatuto del trabajo consagrado en la constitución de 1991, revisión de las actuales formas de gestión universitaria, apertura de un debate franco entorno a los derechos reproductivos de la mujer, etcétera.

Este texto no tiene como finalidad fijar un temario ni imponer unas ideas. Es simplemente, una invitación a todos y en especial a mis Queridos Hermanos a pensar y a la acción coordinada para modernizar la nación desde nuestros respectivos campos de acción, partiendo para ello de ciertas reflexiones muy personales. Basta ya de disputas inútiles. ¡Manos a la obra!, ¡A la carga!.

NOTA: la próxima entrega en un mes será sobre reflexiones en torno a la vida y obra del General Santander.

 

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