Las dos oraciones del Papa para invocar el “fin de la pandemia”

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Francisco salió del Vaticano y veneró a la imagen de la Virgen bajo la advocación Salus Populi Romani en Santa María Maggiore. Luego, en San Marcello al Corso, rezó ante el crucifijo que salvó a Roma de la peste.

Una intensa oración frente a María Salus Populi Romani, y frente al crucifijo de madera que protegió a Roma de la “Gran Peste” del siglo XVI. Así, el Papa Francisco, en este tercer domingo de Cuaresma, saliendo del Vaticano, quiso enfatizar su cercanía con quienes sufren al ir a implorar la protección especial de la Virgen que es venerada en el icono conservado en la basílica de Santa María Maggiore, en la primera etapa de sus dos visitas romanas.

Iglesia de San Marcello al Corso en Roma

“Esta tarde, poco después de las 16:00 horas, el Papa Francisco dejó el Vaticano en privado – informa el Director de la Sala de Prensa del Vaticano- y visitó la Basílica de Santa Maria Maggiore, para dirigir una oración a la Virgen, Salus Populi Romani, cuyo icono es custodiado y venerado allí.

Dome Frescoes Chiesa San Marcello al Corso Altar Dome Frescoes Basilica Church Rome Italy. Built in 309, rebuilt in 1500s after sack of Rome. Frescoes are from the 1600s

Después, haciendo un tramo de la Vía del Corso a pie, como en peregrinación, el Santo Padre llegó a la iglesia de San Marcello al Corso, donde se halla el Crucifijo milagroso que en 1522 fue llevado en procesión por los barrios de la ciudad para acabar con la “Gran Peste” en Roma. Con su oración, el Santo Padre invocó el fin de la pandemia que golpea a Italia y al mundo, imploró la curación de tantos enfermos, recordó a las muchas víctimas de estos días y pidió que sus familiares y amigos encuentren consuelo y alivio. Su intención también fue por los trabajadores de la salud, médicos, enfermeras y a aquellos que en estos días, con su trabajo, garantizan el funcionamiento de la sociedad. Alrededor de las 17:30 horas el Santo Padre regresó al Vaticano”.

La especial devoción del Pontífice a la Salus Populi Romani es bien conocida: Francisco va allí no solo con motivo de las grandes fiestas marianas, sino que también quiere hacer una pausa de oración antes de salir para los viajes internacionales, y regresa allí inmediatamente después de aterrizar, para dar gracias. En 593 el Papa Gregorio I la llevó en procesión para acabar con la peste, y en 1837 Gregorio XVI la invocó para acabar con una epidemia de cólera.

Muy significativa, en vista del momento que estamos viviendo, fue también la segunda etapa de esta salida dominical: la iglesia de San Marcello al Corso, donde se conserva un antiguo y venerado crucifijo de madera que data del siglo XV, considerado por los estudiosos como el más realista de Roma, que sobrevivió a un incendio y salvó a la ciudad de la peste. Ese crucifijo, abrazado por san Juan Pablo II, marcó la culminación de la Jornada Mundial del Perdón durante el Gran Jubileo de 2000.

Las muchas tradiciones de milagros atribuidas al “Santo Crucifijo” comenzaron el 23 de mayo de 1519 cuando un incendio, durante la noche, destruyó completamente la iglesia dedicada al Papa Marcelo. A la mañana siguiente todo el edificio se había reducido a escombros, pero de entre las ruinas emergió intacto el crucifijo del altar mayor, al pie del cual aun arde una pequeña lámpara de aceite. Esta imagen toca profundamente a los fieles, moviendo a algunos de ellos a reunirse todos los viernes por la noche para rezar. El 8 de octubre de 1519 el Papa León X ordenó la reconstrucción de la iglesia.

Tres años después del incendio, Roma fue golpeada por la “Gran Peste”. El pueblo llevó el crucifijo en procesión, logrando superar incluso las prohibiciones de las autoridades, comprensiblemente preocupadas por la propagación del contagio. El crucifijo fue sacado y conducido a través de las calles de Roma hasta la Basílica de San Pedro. La procesión duró 16 días: del 4 al 20 de agosto de 1522. A medida que la procesión avanzaba, la peste daba señales de regresión, por lo que cada distrito trató de mantener el crucifijo el mayor tiempo posible. Al final, al volver a la iglesia, la plaga había cesado por completo. Desde 1600, la procesión de la iglesia de San Marcello a la Basílica de San Pedro se convirtió en una tradición durante el transcurso del Año Santo. En el reverso de la cruz están grabados los nombres de los diferentes Pontífices y los años de los jubileos.

Tomado de: https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2020-03/dos-oraciones-papa-invocar-fin-pandemia.html

Acerca de la Iglesia San Marcello al Corso en Roma

La iglesia de San Marcello al Corso es un templo católico de Roma, dedicado al papa Marcelo I. Está situado en la Via del Corso (antigua Via Lata), una de las calles más importantes de Roma que comunica la Piazza Venezia con la Piazza del Popolo. Es la iglesia más antigua de las que se conservan actualmente en esta calle.[1]

Según la tradición, se levanta sobre el mismo lugar donde estuvo preso el papa Marcelo I. Existen menciones a un lugar de culto desde el año 418, cuando Bonifacio I fue elegido papa aquí. En 590 también existen documentos que mencionan la iglesia de San Marcello, aunque la edificación más antigua de la que se conservan restos es del siglo VIII, de la iglesia que mandó construir el papa Adriano I.

San Felipe Benicio rechaza la tiara papal. Relieve de Antonio Raggi en la fachada de San Marcello al Corso (Roma).

En el presbiterio de esta iglesia se expuso colgado el cuerpo de Cola di Rienzo, en 1354. El 22 de mayo de 1519 sufrió un incendio que destruyó el edificio: el dinero recolectado para su reconstrucción (que inició el arquitecto Jacopo Sansovino) acabó en manos de los lansquenetes durante el Saco de Roma (1527). Antonio da Sangallo el Joven reanudó la reconstrucción de la iglesia, que sufrió graves daños por una crecida del río Tíber que inundó la ciudad en 1530. Hasta 1592 no terminaron las obras de reconstrucción, que se completaron posteriormente con la fachada diseñada por Carlo Fontana. Se trata de una de las obras maestras de este autor, inspirada en el esquema compositivo de la de la basílica de Santa Maria del Popolo (siglo XV), pero dotándola de gran dinamismo barroco, con su aspecto cóncavo que, a su vez, fue imitado en otras iglesias romanas (como en la iglesia de la Santissima Trinità dei Pellegrini, 1723, obra de Francesco De Sanctis). La decoración de la fachada se completa con las esculturas monumentales de Francesco Cavallini y los relieves de Antonio Raggi.