Zoroastrismo: una de las religiones más antiguas del mundo

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La lucha del bien contra el mal

El zoroastrismo pone el acento en el libre albedrío del hombre para elegir entre el bien y el mal. El hombre tendrá que rendir cuenta de sus actos en el momento de pasar de la vida a la muerte.

El zoroastrismo es una religión fundada por Zoroastro (o Zaratustra), entre los años 700 y 600 antes de nuestra era y desarrollada a partir de sus enseñanzas en lo que ahora es Irán. Zoroastro era un sacerdote muy bien formado, instruido en la tradición religiosa de su pueblo.

En una primera fase, la religión antigua indoirania adoraba a las divinidades que guardaban y mantenían el “recto orden”, y la estabilidad del universo y de la sociedad. Probablemente, durante el período de sus migraciones hacia el sur desde las estepas de Asia central, alguna de estas tribus se convirtió en ardiente devota de divinidades cuyas cualidades reflejaban mejor su propia edad heroica y aventurera, especialmente el belicoso y amoral Indra.

Zoroastro rechazó el culto a tales “dioses”, a los que consideraba perversos, y restringía el culto a los morales Ahuras, como Ahura Mazda, Mitra y los Amesha Spentas.

Elementos religiosos

El zoroastrismo entiende el mundo como un escenario de guerra, limitado en el espacio y en el tiempo, en el que los poderes del bien y del mal pueden luchar hasta el fin. El destino de una persona depende de su elección entre el bien y el mal. La recompensa, según la elección, es el cielo o el infierno, “la casa de la vergüenza”, un lugar de tormento. El zoroastrismo es una religión optimista.

Todas las criaturas y fenómenos del mundo, con excepción de los humanos, fueron creados por Ahura Mazda o por su maligno oponente, Angra Mainyu, y, por tanto, no se les puede ayudar a ser buenos o malos. Los elementos de la creación buena (como el fuego, el agua, la tierra, las plantas útiles, los animales benéficos y las personas justas) merecen reverencia. Los hombres son las únicas criaturas capaces de elección moral, y a cada individuo se le exige elegir en favor de Ahura Mazda, colaborando con ello a la derrota definitiva de Angra Mainyu.

Después de la muerte, el alma será juzgada en el puente Chinvat y enviada al cielo (temporalmente), al infierno o al purgatorio, en función del equilibrio entre sus buenos y malos pensamientos, sus palabras y las obras que haya realizado en la tierra.

Evolución

En sus orígenes, el zoroastrismo se presenta como una reforma de la religión practicada por tribus de lengua iraní que se instalaron en Turquestán occidental entre el I y II milenio a. C. Estas tribus estaban estrechamente ligadas con los indoarios, los que aportaron el sánscrito y todas sus lenguas derivadas en la India del Norte, a partir del año 1700 a. C. Estos pueblos constituyen a la familia indo-aria.

La comparación del zoroastrismo con la religión india es útil para comprender su nacimiento. Estas dos religiones tenían un dios llamado Mitra por los indios y Mithra por los iranios, que significan el sol o el dios del sol.

Evolucionó de manera muy divergente en estos dos pueblos. Entre los indios, según François Cornillot, especialista del Rig-veda y del Avesta, el Mitra original se escindió en tres dioses, MitraAriamán y Váruna. Entre los iranios, este dios guardó en cambio su unidad. Dios soberano, era el hijo de Ahura Mazda, que parece haber sido el Cielo.

Los zoroástricos se esforzaron por eliminar el culto de Mithra en provecho del de Ahura Mazda, justificando el nombre de mazdeísmo dado a veces a su religión. La Persia antigua, bajo la dinastía de los aqueménidas, no era verdaderamente mazdeísta: veneraba tanto a Mithra como Ahura Mazda. Los griegos consideraban a este último como equivalente a Zeus, su dios celeste.

El zoroastrismo se desarrolló primero en Irán oriental, llegando a imponerse en las regiones occidentales gracias a la subida al poder de la dinastía aqueménida (559-323 a.C.). En este período se convirtió en la religión de un gran imperio, desarrollada como respuesta a las demandas de una fe imperial.

La victoria de Alejandro Magno (conocido por la tradición zoroástrica como “el Maldito”) provocó el fin de la era aqueménida, y propició el contacto de Irán con el pensamiento y la cultura helenística. Sin embargo, esta influencia fue superficial a causa de las hondas raíces en la cultura irania.

Más tarde, la dinastía sasánida (226-mediados del siglo VII d.C.), que se consideraba a sí misma como la defensora de la ortodoxia zoroástrica, intentó borrar de la fe todo rastro de influencia griega. Cuando los sasánidas fueron derrotados a su vez por los ejércitos musulmanes, el zoroastrismo empezó a quedar reducido a una religión marginal.

Las comunidades, en creciente disminución, no podían sostener la formación sacerdotal en interés propio, y el saber zoroástrico lo acusó. Enfrentados a esta amenaza, los sacerdotes pusieron por escrito todo lo que pudieron de sus tradiciones durante los siglos IX y X.

En el siglo X, un grupo de zoroastras se trasladó desde el noreste de Irán hacia la India, donde se les conocía con el nombre de parsis (persas).

Bajo el gobierno británico los parsis se convirtieron en una comunidad muy próspera, mantuvieron un estrecho contacto con la cultura occidental y tuvieron que responder a sus desafíos. Ejerció una notable influencia en el judaísmo y el cristianismo.

Bajo la dinastía Pahlevi (1926-1979), la posición social de los zoroastras iraníes experimentó una sensible mejoría. En la actualidad, el número de miembros de la comunidad parsi está disminuyendo de manera considerable, debido en gran parte a las emigraciones y a los matrimonios mixtos, mientras que el de zoroastras iraníes ha crecido de forma espectacular desde la revolución islámica, hasta el punto de haber tenido representantes en la asamblea (parlamento) de Irán.

El zoroastrismo posee una importancia única en la historia de las religiones a causa de sus enlaces con las tradiciones occidental abrahámica y oriental dhármica.

Estas se advierten en la angelología, la creencia en un estado futuro de premios y castigos, la inmortalidad del alma y el juicio final. Todo ello forma parte fundamental del esquema zoroastriano. Adicionalmente, la figura de Satanás, originalmente sirviente de Dios, asignado a Él como su fiscal, vino a asemejarse a la de Ahriman, el enemigo de Ahura Mazda (Dios), cada vez más. También, la figura del Mesías, que inicialmente era un Rey futuro de Israel que salvaría a su pueblo de la opresión, evolucionó, en Isaías, por ejemplo, en un Salvador universal muy similar al Saoshyant persa (iraní). Otros puntos de comparación entre Persia (Irán) e Israel incluyen la doctrina de los milenios, el Último Juicio, el libro celestial en el que se inscriben las acciones humanas, la Resurrección, la transformación final de la tierra, el Paraíso en la tierra o en el Cielo, el Infierno, etc.

Algunos estudiosos (Boyce, 1987; Black and Rowley, 1987; Duchesne-Guillemin, 1988) creen que un buen número de elementos de la escatologíasoteriologíaangelología y demonología del judaísmo -una influencia clave en el cristianismo-, tiene su origen en el zoroastrismo, y fue transferida al judaísmo durante la cautividad babilónica y la era persa. Con todo, existen diferencias en los sistemas de creencias.

Según Mary Boyce, «el zoroastrismo es la más antigua de todas las religiones de credo reveladas, y ha tenido probablemente más influencia, directa o indirectamente, que cualquier otro culto individual» (Boyce, 1979, pág. 1). El zoroastrismo ha sido propuesto como la fuente de los aspectos pos-Torá más importantes del pensamiento religioso judío, que emergió durante la cautividad babilónica.

Para muchos investigadores, en el zoroastrismo se apuntan por primera vez algunos importantes conceptos para otras religiones posteriores como el de cielo vs infierno; el Día de Juicio Final o la diferencia entre ángeles y demonios, es decir, son los introductores del dualismo en el ámbito de las religiones.