El proyecto OCTOPUS de Bentley y las Tierras Raras en los motores eléctricos

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La mecánica que desarrolla Bentley quiere desmarcarse de las del resto

Planean dejar de lado el uso de Tierras Raras, típicas en las mecánicas eléctricas

Bentley ya se ha lanzado a la carrera de la electrificación con su proyecto OCTOPUS, cuyo principal atractivo es que ofrecerá las prestaciones esperadas de un coche del talante de la marca y que prescindirá de algunos materiales típicos en los motores eléctricos actuales, pero caros y conflictivos, como son las Tierras Raras.

A pesar de la tradición de algunas marcas, el auge de la electrificación es algo que alcanzará a todos los fabricantes en un momento u otro. Bentley es una de ellas y es muy consciente de este cambio, pero no desea hacerlo a cualquier precio ni mucho menos a costa de la filosofía de su marca.

El proyecto OCTOPUS –acrónimo de ‘Optimised Components, Test and simulatiOn, toolkits for Powertrains which integrate Ultra high-speed motor Solutions’– es su respuesta. Un proyecto en el que se ha aliado con otras empresas y la Universidad de Newcastle para llevarlo a cabo.

El objetivo es obtener una mecánica electrificada, pero sin que ésto suponga una merma al refinamiento y a las prestaciones que uno espera de un vehículo con el emblema de Bentley. Para ello, uno de los pasos más importantes es el de modificar la propia concepción del motor eléctrico.

Estos motores funcionan de la siguiente manera: Cuentan con una carcasa estática conformada por un devanado de cables –estátor– en cuyo interior se coloca un eje móvil con imanes permanentes –rotor–. Al hacer circular una corriente por la carcasa externa, se crea un campo magnético que tratará de alinearse con el generado por los imanes del rotor, lo que produce el movimiento. Este movimiento, controlado por la corriente que se hace pasar a través de la carcasa, es el que genera el par que llega a las ruedas.

A datos de 2018, el 93% de los vehículos con motor eléctrico contaban con Tierras Raras en los imanes del rotor, unos elementos que, como su nombre indica, son poco comunes, caros y motivo cada vez mayor de disputas geopolíticas. Lo malo es que, a día de hoy, los imanes permanentes fabricados de esta forma son los que mejores cifras de par ofrecen y los más simples de implementar en la mecánica.

La alternativa pretendida es la de sustituir éstos por electroimanes, cuya característica es que adquieren la polaridad únicamente cuando se les excita con una corriente eléctrica. A la hora de la verdad, no generan tanta fuerza como los constituidos por Tierras Raras, pero a cambio pueden girar a mayores revoluciones gracias a su ligereza, lo que conlleva a generar más potencia. El proyecto OCTOPUS contempla además que estos electroimanes sean de aluminio, para mayor ligereza del conjunto y con mejores visos a su reciclaje que en el caso del cobre, una vez el motor haya completado su vida útil. 

Esta concepción del motor eléctrico, además, lleva a otra particularidad. Al no tener unos imanes permanentes, en el momento de levantar el pie del acelerador no se produce el efecto inverso, es decir, la típica deceleración a un solo pedal de los coches eléctricos. No se recarga la batería, pero las prestaciones no quedan mermadas ante esta situación, algo muy importante si se desea un buen refinamiento y tacto deportivo, como es el caso de Bentley.

Si seguimos con el motor en desarrollo, se ha buscado también que sea una unidad compacta, para que ocupe el menor espacio posible con el peso contenido al máximo. Por ello, la unidad motriz aglutinará el motor propiamente dicho, la transmisión y su gestión electrónica.

Los planes de la marca son los de implementarlo a partir del año 2026, momento en el que esperan también que la tecnología de baterías permita recargas más rápidas –de hasta 450 kilómetros en 20 minutos– y cuando todos los modelos de su gama tengan al menos una variante híbrida.