Isla de Sajalín, el paraíso asiático de Rusia

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Administrativamente la isla forma parte de una región homónima que además incluye al archipiélago de las Kuriles.

Esta subdivisión federal rusa cuenta con una superficie de 76.600 kilómetros cuadrados y posee una población de casi medio millón de personas.

La región de Sajalín es bañada por las aguas del mar de Ojotsk, el mar de Japón y el océano Pacífico, de ahí que tenga fronteras marítimas con las regiones rusas de Jabárovsk y Kamchatka, así como con la isla nipona de Hokkaido.

 

Sajalín tiene una historia única. Esta tierra la habitaron pueblos muy diferentes. Desde la época de la antigüedad la isla estuvo poblada por dos grupos étnicos: nivjis en el norte y ainus en el sur.

Los rusos visitaron la isla por primera vez en 1742. Sin embargo, hasta el siglo XIX la dinastía Qing la consideraba parte de su territorio, pero en ningún momento trató de establecer su presencia permanente.

Para mediados de siglo XIX Rusia empezó a establecer su control: se crearon establecimientos administrativos, escuelas, iglesias, cárceles, hospitales e incluso minas en la isla.

Para aquel entonces, Japón también había tenido sus pretensiones sobre estos territorios, por lo tanto el Imperio ruso y el Imperio de Japón firmaron en 1855 un acuerdo de fronteras.

El documento proclamó que la isla sería un dominio conjunto ruso-nipón.

Tal situación duró veinte años hasta que San Petersburgo y Tokio acordaran en 1875 que Sajalín pasaría a formar parte de Rusia.

Entretanto las Kuriles —divididas para aquel entonces entre los dos países— serían controladas en su totalidad por el Imperio de Japón.

Así fue hasta que estallara en 1905 la guerra ruso-japonesa que Rusia perdió. Esto, como era de esperarse, resultó en nuevos cambios territoriales. Esta vez el Estado ruso se quedó sin la mitad sur de la isla de Sajalín que pasó a llamarse la gobernación de Karafuto.

Rusia retuvo las tres quintas partes de la isla, pero cedió toda la zona al sur del paralelo 50 norte. Tokio fue más allá y hasta llegó a ocupar la parte norte de Sajalín en 1920 al aprovechar la guerra civil rusa, pero después de cinco años se replegó y la devolvió a la URSS.

Japón tomó el lado del Eje durante la Segunda Guerra Mundial, de ahí que la Unión Soviética se comprometiera ante los aliados a entrar en guerra contra Tokio una vez la Alemania nazi estuviera derrotada en Europa.

A cambio, la Unión Soviética obtuvo Sajalín entera y todo el archipiélago de las Kuriles tras salir victoriosa en una ofensiva contra las tropas de Japón en esos territorios.

Detrás de sí los japoneses dejaron una infraestructura importante en la parte sur de la isla. En la lista los lugares más sorprendentes se encuentra el Puente del Diablo.

Es una estructura compleja desde el punto de vista de la ingeniería: un ferrocarril que entra en un túnel, hace una curva, llega a la cumbre de una colina y luego de salir de dicho túnel, pasa por un puente que está encima del mismo ferrocarril.

Al día de hoy Sajalín y las Kuriles son parte de la Federación de Rusia, si bien Japón reclama la soberanía sobre un grupo de islas en el sur del archipiélago de las Kuriles.

A lo largo de su historia diferentes grupos étnicos han habitado esta zona: como ya se ha mencionado antes, los pueblos aborígenes eran los nivjis y los ainus. Por cierto, estos últimos llegaron más tarde e inicialmente provenían de las islas del Japón contemporáneo.

Como consecuencia de siglos de persecución, los ainus de Japón casi fueron erradicados como nación. Hoy en día constituyen una minoría en la isla japonesa de Hokkaido.

La Segunda Guerra Mundial fue un punto de inflexión para la composición étnica de Sajalín.

Japón alteró drásticamente la población de la isla.

En particular, además de la población que provenía del propio archipiélago japonés, Tokio hizo participar en las labores en Sajalín a la población de Corea, que entonces permanecía colonizada por el Imperio de Japón.

Después de la guerra, las autoridades soviéticas repatriaron a todos los súbditos de Japón, incluidos muchos ainus, puesto que estos ya tenían los apellidos japoneses.

De hecho los ainus habían sido completamente asimilados por la cultura nipona por lo cual eran casi indistinguibles de la mayoría.

Sin embargo, los coreanos se quedaron en Sajalín porque Corea dejó de formar parte del Imperio de Japón, es decir, los coreanos ya no eran ciudadanos japoneses y al final no fueron repatriados.

Muchos de ellos regresaron a Corea del Sur después de la disolución de la URSS cuando se abrió la frontera, pero muchos también se quedaron.

Hoy en día los rusos constituyen un 82% de la población, mientras que los coreanos forman otro 5%.

Los nivjis constituyen menos de uno por ciento, son un poco más de 2.000 personas. Aunque la población de los nivjis osciló en el siglo XX, muchos ya no hablan su idioma.

La mayoría de los habitantes de la región de Sajalín son cristianos ortodoxos, si bien hay también ateos y protestantes.

En la isla hasta hoy se han preservado los restos de los templos sintoístas —la religión étnica japonesa—: para ser más preciso, un arco tradicional japonés torii.

Los ‘indígenas’ de Sajalín, los nivjis, profesan, por su parte, un chamanismo basado en sus antiguas creencias animistas.

La isla de Sajalín se extiende de norte a sur por más de 900 kilómetros, lo que determina su diversidad climática.

Las temperaturas diarias en el sur de la isla, donde está ubicado el centro administrativo, Yuzhno-Sajalinsk, oscilan en agosto —el mes más caliente— entre 13,6 y 22,4 grados centígrados, mientras que en enero oscilan entre 17 y 6,7 grados centígrados bajo cero.

En el norte de Sajalín los inviernos son más fríos, aunque los veranos son casi igual de calientes.

En comparación con la isla, la situación climática en las Kuriles parece mucho más equilibrada.

Las temperaturas en enero en la isla Shikotán oscilan entre 6,4 y 2,6 grados centígrados bajo cero.

En agosto en el mismo territorio se puede observar temperaturas de entre 8,3 y 13,9 grados centígrados.

Las Kuriles poseen una gran cantidad de volcanes activos y, al igual que Japón, de vez en cuando están expuestas a terremotos y tsunamis.

En invierno la isla de Sajalín es azotada a veces por tormentas de nieve, por lo que en varias ocasiones quedó incomunicada del resto del país.

Sajalín es una tierra de posibilidades y así lo asumen muchas empresas, incluso extranjeras, que invierten en su economía.

En particular, se trata de la participación del gigante petrogasístico ExxonMobil en el proyecto de exploración del crudo en unos campos cerca de las costas de la isla.

Se desarrolla al mismo tiempo la infraestructura: está prevista la construcción del puente de Sajalín que conectaría la isla con el continente en el estrecho de Nevelskói.

El proyecto tiene sus raíces en los años 1950 cuando empezó la construcción del túnel hacia Sajalín bajo el estrecho, pero nunca llegó a completarse. Se cerró en 1953 después de la muerte del líder del país, Iósif Stalin, quien fue el padre de la idea.

El nuevo Gobierno simplemente ordenó el cese de todas las obras, si bien los mismos constructores rogaban que los trabajos continuaran.

Hoy en día el túnel de Sajalín no está en los planes. No obstante, el proyecto del puente ya ha sido planteado por el presidente ruso, Vladímir Putin.

De todos modos, el puente de Sajalín tendrá una mayor envergadura que el puente de Crimea, a menudo apodado la ‘obra del siglo’. En este sentido, el puente de Sajalín puede convertirse en una verdadera ‘obra del milenio’.

 

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