Don Pepe Sierra: El ADN Empresarial del Paisa (Nacido en Antioquia y zona cafetera) @alvarodabril

José María Sierra Sierra, más conocido como don Pepe Sierra, “El Becerro de Oro” o “El Campesino Millonario” es junto con Marco A. Restrepo “El Rey de la Leña”, Carlos Coriolano Amador “El Burro de Oro”, y Gonzalo Mejía “El Fabricante de Sueños’; miembro del selecto grupo de personajes que ha dado vida al mítico prototipo del empresario antioqueño, pragmático, hábil e ingenioso para hacer dinero. Caso único en la historia de Colombia, se dice que llegó a ser más solvente que todo el gobierno de su época. 

Si bien en Bogotá se preservó su imagen gracias a la avenida que lleva su nombre, don Pepe era en realidad un paisa de tiempo completo. Nació en Girardota en 1848, en el hogar de Evaristo y Gabriela Sierra, una pareja de primos hermanos.

Don Pepe Sierra, padre de los Sierra Cadavid

La manera sencilla como un campesino de origen humilde acumuló y administró una de las mayores fortunas del siglo XIX y principios del XX, lo ha convertido en un personaje de leyenda.  La fortuna que creó Sierra, a pesar de las múltiples subdivisiones, sigue siendo sólida. El hombre más rico de Colombia vivía de manera franciscana: nada de lujos ni cosas superfluas; su fama de mujeriego iba acompañada por la de egoísta y tacaño; consideraba el ahorro como el valor fundamental. 

José María Sierra (Pepe Sierra) en compañía de su consuegro ex Presidente Rafael Reyes

Las contrariedades diarias de la administración de los negocios, junto con los cotidianos problemas de la casa, acentuaban su acostumbrado mal humor. Desde su juventud fue un apostador empedernido en las galleras de Girardota, Itagüí, Medellín y Bogotá. Se enojaba con los hijos, no porque jugaban mucho sino porque siempre perdían.

José María Sierra Sierra (Girardota, Provincia de Antioquia, República de la Nueva Granada, 1848-Medellín, Colombia, 7 de marzo de 1921).  Considerado posteriormente el hombre más rico de Colombia, vivía de manera austera, cosa que no cambió al acceder a las altas esferas bogotanas, y no aumentó los gastos de representación social de su familia. Sierra también fue empresario financista de la última etapa de la construcción de ferrocarriles en Colombia. A él se debió la terminación del Ferrocarril de Amagá y parte del Ferrocarril del Pacífico. Se inició como banquero estableciendo el “Banco de Sucre” y el “Banco Central”, además de la Compañía del Hielo en Panamá. Sin embargo, fracasó en estos empeños empresariales.

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Pepe Sierra – José María Sierra. Que hoy cuenta con miles de herederos en la zona Paisa

Fue el segundo de una familia campesina de 12 hermanos. La educación del futuro empresario no pasó de los primeros años de educación primaria. Según su nieto y biógrafo, Bernardo Jaramillo Sierra (Medellín: Bedout, 1947), inició la acumulación de fortuna en la juventud, trabajando en el campo en la cría de ganado, siembra de caña y fabricación de panela. Luego, la consolidó en la madurez con el remate de las rentas y finalmente la invirtió en bienes raíces.  

Tuvo la visión de viajar en las noches llevando caña de Girardota (1400 metros sobre el nivel del mar) hasta San Pedro de los Milagros (2500 metros sobre el nivel del mar). De San Pedro de los Milagros, se devolvía con leche y quesos. Como no todos tenían la paciencia de hacer esto con la mayor constancia, don Pepe Sierra era capaz de hacer esta maratón tantas veces como podía, acrecentando su dinero.

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José María Sierra – Pepe Sierra

A la endogamia entre los Sierra se atribuyeron los desequilibrios mentales en varios miembros de la familia. La educación de don Pepe no sobrepasó el silabario, la suma y la resta. Pero eso no importó. Ya anciano y rico, contestó a quien pretendió enseñarle la ortografía de la palabra “hacienda”: “Mire, joven, yo tengo setenta haciendas sin h, ¿y usted, cuántas tiene con h?”.

Según su nieto y biógrafo Bernardo Jaramillo Sierra (Medellín: Bedout, 1947), inició la acumulación de fortuna en la juventud, trabajando duro en el campo en la cría de ganado, siembra de caña y fabricación de panela; la consolidó en la madurez con el remate de las rentas; y finalmente la invirtió en bienes raíces. La expansión de su patrimonio se dio en el siguiente orden: Valle de Aburrá, Calle Real (Carrera 7a.), Sabana de Bogotá y Valle del Cauca. Don Pepe siempre tuvo claro que con una economía inflacionaria como la colombiana, lo único que engordaba eran los lotes de terreno y el ganado que pastaba en ellos.

Zoraida Cadavid de Sierra, con su hija Isabel Sierra de Osorio, hacia 1895.

Zoraida Cadavid de Sierra (esposa), con su hija Isabel Sierra de Osorio, hacia 1895.

A los catorce años tuvo su primera parcela en el departamento de Caldas, cerca a Manizales, la cual araba de día y en las noches de luna. Simultánemente, trabajaba como arriero y transportaba y vendía la panela que producía y aprovechaba para traer la papa que cultivaban otros agricultores. A los veinte años contrajo matrimonio con su prima Zoraida Cadavid Sierra y a los veintiocho tenía en su haber varios hijos fuera del matrimonio y cuatro legítimos, muchas haciendas que se extendían entre Itagüí y Barbosa (Antioquia), además del control de los precios de la panela y de la vara de tierra en el Valle de Aburrá.

En 1886 pasó a residir en Medellín. Allí fundó varias sociedades como “La Cuarta Compañía”, dedicada a la cría de ganado y a la siembra de extensos cañaduzales para abastecer de melaza a sus fábricas de aguardiente, ya prósperas en todo el departamento. La sobreproducción de los alambiques se evacuaba a través de la organización de intempestivas fiestas en los pueblos, concertadas con los curas y los alcaldes, quienes prestaban santo para procesión y plaza para la corrida de toros, a cambio de participación en las ganancias. El eficiente manejo que hizo de esta compañía le dio renombre a don Pepe en Antioquia como negociante creativo y habilidoso.

El primer viaje a Bogotá lo realizó en 1888. Fue el principio de una residencia de 26 años en la capital, donde se inició como apostador y gallero en los bajos fondos de San Victorino y terminó en la Calle Real, en medio de los bancos y de los opulentos. Casó a su hija. Clara con un hijo del ex presidente Rafael Reyes, pisó con frecuencia las alfombras del Palacio de San Carlos y llegó a ser el mayor propietario de tierras y ganado de la Sabana. Rápidamente desapareció la timidez del campesino, convencido de ser el único capaz de sacar de apuros a los paupérrimos gobiernos de su época. Los presidentes Rafael Núñez, Miguel Antonio Caro, Carlos y Jorge Holguín, José Manuel Marroquín, Rafael Reyes, Ramón González Valencia y Carlos E. Restrepo estuvieron en su lista de clientes. Don Pepe nunca participó abiertamente en la política partidista, pero en la primera página de su libreta de cuentas y apuntes estampó el lema del régimen nuñista: “Regeneración o catástrofe”.

Inició la conquista de Bogotá con el remate de la renta de degüello de ganado y el cuero de Cundinamarca, pero luego se sintió casi con derechos perpetuos sobre las rentas, lo cual le granjeó enemigos y problemas. Don Pepe viajó a Bogotá por primera vez en 1888, a los 40 años. Una de sus primeras sociedades en la ciudad fue con Marciano Rozo, un ganadero de la sabana, con quien aprendió la forma de explotar estas tierras. 

La compañía se dedicó a la ganadería y también adquirió propiedades en Anapoima y otras zonas de tierra caliente. Pero al poco tiempo, don Pepe decidió terminar la sociedad y acudió a una de sus representaciones para obtener las mejores condiciones.

Le hizo creer al señor Rozo que estaba muy enfermo y que se iba a vivir a Europa para recuperarse. Don Marciano, convencido de que Pepe vendería su parte en la compañía, se encargó de ponerle a todas las propiedades un bajo precio, que le permitiera quedarse con la sociedad. Pero al momento de cerrar el negocio, don Pepe se arrepintió e hizo efectiva una cláusula según la cual él tenía la primera opción de compra.

Este incidente le creó un mal ambiente en medio de la sociedad bogotana, sobre todo porque el señor Rozo nunca pudo recuperarse. “Tratándose de negocios era implacable. Su rigidez no tenía consideración alguna y en medio de esta vorágine veía el resultado de sus farsas, impávido”, comenta su nieto Bernardo Jaramillo. 

Don Pepe compró terrenos a lo largo y ancho de la sabana. En Nemocón, Zipaquirá, Sopó, Tibitó. Donde la tierra fuera buena. Pero la compra que levantó risas entre sus contemporáneos fue la de la Hacienda El Chicó, del Mono Saíz. En ese entonces el único que anticipó la importancia que iba a tomar la carrera 7a. al norte fue don Pepe. Los demás pensaron que estaba loco.

Don Pepe aprovechó la coyuntura económica de su época, caracterizada por la permanente crisis que al fisco nacional produjeron las rebeliones internas. Durante la Regeneración, luego de la guerra civil de 1885, el problema tocó fondo. Rafael Núñez intentó solventar las finanzas públicas a través de la reactivación del remate y monopolios estatales, de abundante emisión de papel moneda de curso forzoso y de la colocación de bonos y libranzas en el mercado. Los remates eran el medio para procurarse anticipos de individuos particulares. Estos generalmente eran muy solventes, dado que se les exigían garantías económicas (hipotecas, fianzas, depósitos monetarios anticipados) a cambio del privilegio de gozar de las seguras utilidades producidas por tales monopolios. Vertiginosamente él se convirtió en el más fuerte rematador y prestamista a nivel nacional, con base en un simple sistema administrativo de negocios, pero con una intrincada red de agentes diseminada por todo el país, encargados de negociar -con especuladores particulares y gobiernos locales- la adjudicación de las apetecidas, jugosas y hasta insólitas rentas, como aquella del monopolio del hielo en Panamá, establecida en el gobierno de Reyes. 

Pepe Sierra, sin dudarlo se lanzó a rematar las rentas de degüello de ganado, y a financiar el gobierno, actividad que hizo durante mucho tiempo y le valió el apodo de “el prestamista del gobierno”, a más que le dio entrada para rematar otras de las rentas como: la de la sal, el hielo y el aguardiente, entre otras. Sus negocios pasaron de carácter local al nacional, un hecho único en el país pues gran parte de las finanzas del erario tenían que ver con don Pepe Sierra como prestamista del estado. Así, un campesino de Girardota, Antioquia, era en ese momento el hombre que trataba de tu a tu al presidente de turno.

Las residencias en Medellín y Bogotá, hoy desaparecidas, eran amplias y austeras, más dispuestas para tratar negocios que para ostentar. Su despacho constaba de sólida mesa de varios puestos, cómodo sofá para la siesta y desvencijada máquina de escribir. Esa era la escenografía donde don Pepe, apoyado en sus altas dotes histriónicas, representaba al desesperado e incauto auditorio de vendedores de inmuebles, magistrales libretos escritos por él mismo en los papeles de cuentas. Tratándose de negocios, era implacable; su rigidez y fingido desinterés no tenían consideración: el cliente era un enemigo que, en la farsa, siempre llevaba la peor parte.

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Casa Museo del Chicó, donado por una hija de Pepe Sierra, Tía Meme o Mercedes Sierra de Pérez

Al final de sus días, fue atacado por crisis nerviosas y arterioesclerosis, acompañadas de crónico desinterés por los negocios. La familia empeoró la situación ya que derrochaba el dinero en el continente europeo, sin prestar atención a la administración de las fincas, en muchas de las cuales se construyeron lujosos palacetes, como el del Chicó, al norte de Bogotá, convertido hoy en museo. 

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Seminario Mayor de Bogotá, donado por Mercedes Sierra de Pérez a la Iglesia Católica

Pepe Sierra murió en 1921 en su casa de la plazuela de San Ignacio de Medellín. Bogotá vino a participar de la fortuna de los Sierra con la muerte de su hija, Mercedes Sierra de Pérez, quien le legó a la Sociedad de Mejoras y Ornato el Museo del Chicó, y al municipio de Sopó la Hacienda Hatogrande. Esta propiedad, de 200 fanegadas, pasó después a ser residencia campestre del presidente de la República.

Don Pepe murió en su casa de Medellín en 1921 a la edad de 73 años. Dejó ocho hijos: María, Jesús, Mercedes, Rosaura, Isabel, Vicente, Maruja y Clara, esta última casada con un hijo del ex presidente Rafael Reyes.

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Tumba en el cementerio San Pedro en Medellín de Don Pepe Sierra

A su muerte, se desató una lucha de competencias entre los jueces de Bogotá y Medellín sobre el sitio en que debería radicarse el juicio de sucesión. Esta situación se empeoró por el hecho de tener bienes en tres departamentos, lo cual hizo que todo el trámite fuera terriblemente lento. Diez años tardaron los herederos en poder tomar posesión de sus bienes.

A pesar de la demora y de que ninguno de sus hijos estaba preparado para manejar la fortuna, los bienes que dejó don Pepe fueron de tal magnitud, que la herencia no sufrió mengua con el estancamiento en los negocios.

Author: por Dineroclub

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