Empresas Multinacionales que ayudaron a los Nazis en la segunda guerra mundial

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Automotores OPEL, subsidiaria de General Motors desde 1929 fabricaba los camiones y equipos para el Tercer Reich

Vale la pena evaluar hasta donde puede llegar una gran multinacional para aumentar sus dividendos. Es una lección que se debería aprender, pero que como todos sabemos, hasta el día de hoy es una práctica común de las multinacionales.

En épocas en que vemos el renacimiento del Nazismo y la Xenofobia en Alemania e Inglaterra, vale la pena razonar sobre estos grandes errores que se han cometido en la historia. Muchas multinacionales se han enriquecido con la guerra, pero algunas dieron un paso más allá y se enriquecieron sirviéndole a los Nazis y su política beligerante y expansionista. Sin la ayuda de estas empresas, este maléfico proyecto no habría tenido posibilidad de crecer tanto.

Bajo la premisa de que las empresas no tienen que ver con política, con frecuencia se sobrepasan los límites de la ética.  Hoy conoceremos casos sorprendentes de empresas que sirvieron al tercer Reich de Hittler, aún estando en los Estados Unidos. Incluso, casos de compañías que sirvieron a ambos lados del conflicto.

Autos, electrodomésticos, medicinas, tecnología de punta de aquellos tiempos y ropa.  Algunas multinacionales lo hicieron por alineación política con el tercer Reich, otros lo hicieron por avaricia, y algunos para salvarse de la ruina. 

Entre 1939 y 1945, las filiales alemanas de GM y Ford suministraron un 70 por ciento de los coches vendidos en el mercado alemán. Las subsidiarias alemanas de ambos gigantes del automóvil continuaron produciendo material militar para los ejércitos del estado nazi. 

Finalmente, el gobierno alemán tuvo que crear en 1999 un fondo compensatorio para las víctimas, en el que empresas como Allianz, BASF, Bayer, BMW, Daimler-Chrysler, el Deutsche Bank, Friedrich-Krupp, Krupp-Hoesch, Hoechst, Siemens, Volkswagen y el Dresdner Bank se vieron obligadas a aportar para compensar a los todavía supervivientes. Sin embargo, esto sólo ocurrió con los afectados de nacionalidad alemana.  

Algunas de las empresas de los Estados Unidos que también sirvieron a los Nazis fueron: IBM, General Motors, Ford Motor Company, Alcoa, Woolworth, Brown Brothers Harriman, Dow Chemical, Chase Manhatan Bank, Hugo Boss, Coca Cola.

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Adolph Hittler pudo sostener su régimen del terror, gracias al apoyo de muchas multinacionales, que además de aprovecharse de la situación, lograron extender la guerra para tristeza de la humanidad.

Además de las empresas y hombres de negocios que se fueron acercando al Partido Nacionalsocialista por conveniencia, el partido tenía su grupo de hombres de negocios afines a esa ideología que poco a poco habían ido ocupando puestos de cierta relevancia en poderosas empresas alemanas. Este lento goteo de nazis convencidos en empresas industriales y bancos germanos también motivó que dichas corporaciones fuesen cada vez más favorables al régimen nacionalsocialista.

De la misma forma la Standard Oil de la familia Rockefeller le vendía su petróleo a todos los países en conflicto, enriqueciéndose de la guerra.

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Ferdinand Porsche entrega un Volkswagen el día del cumpleaños de Adolfo Hittler en 1939

Quizás uno de los casos más conocidos sea el de Ferdinand Porsche, fundador de la marca de automóviles que lleva su apellido. En los años anteriores al estallido de la guerra, la administración nazi le encargó a Porsche, entonces un ingeniero de enorme fama que había trabajado en Mercedes-Benz, un utilitario para el pueblo alemán, un “Volkswagen” que fuese barato, estiloso y que se pudiese fabricar en masa. Algo así como el Ford T alemán. Bajo esta premisa, en 1938 nacía el Volkswagen Tipo 1 o “Escarabajo”. Hitler recibió el suyo de manos de Porsche el día de su quincuagésimo cumpleaños, el 20 de abril de 1939.  

Ford estableció algunas fábricas en Renania, movidas también por mano de obra esclava. Esto no era casual. Su dueño, Henry Ford, era un ardiente antisemita y desde suelo estadounidense machacaba el país con propaganda que culpaba, al igual que Hitler, a los judíos de los males económicos y sociales de la nación, además de señalarles como un peligro creciente si acumulaban más poder. De hecho, el magnate americano y el Führer se tenían en alta estima, que llegó al extremo en 1938 cuando se le concedió al señor Ford la Gran Cruz del Águila alemana, la mayor condecoración que un extranjero podía recibir del régimen nacionalsocialista. 

Esa misma medalla la recibió en 1937 Thomas Watson, fundador de la empresa informática IBM. Su entonces primitiva tecnología informática de las tarjetas perforadas fue implantada en Alemania bajo una empresa subsidiaria. Aquel precursor de los actuales programas informáticos ayudó enormemente a la logística y la organización alemana, especialmente con la elaboración de censos e inventarios. Sólo tres años después de recibir la medalla, Watson la devolvió al enterarse de que su producto estrella, las comentadas tarjetas perforadas, estaban siendo utilizadas para elaborar listas de disidentes, judíos y demás personas a eliminar. Aquella tecnología favoreció en gran medida la rapidez y la sistematización de los métodos que generaron el Holocausto y el genocidio de otras minorías. Una vez IBM le retiró el apoyo a Hitler en 1940, éste nacionalizó la filial y cayó en manos de la alemana Dehomag, que siguió utilizando la tecnología norteamericana para exterminar y neutralizar lo que los dirigentes nazis creyesen oportuno. 

Dow Chemical suministró grandes inventarios de magnesio, utilizado para las bombas incendiarias y otros armamentos, Dow Chemical fue crucial para suplir químicos para el régimen Nazi, incluyendo financiamiento económico.

Una vez finalizada la guerra, Porsche acabó en un presidio francés por usar mano de obra esclava en sus fábricas y fue puesto en libertad a los dos años. Desde entonces, tanto él como sus herederos en la empresa, decidieron dedicar su ingenio a la elaboración de vehículos deportivos, actividad principal de la empresa Porsche hasta el día de hoy. 

Otra empresa que obtuvo beneficios gracias a la guerra fue Bayerische Motoren-Werke, conocida comúnmente como BMW, o más bien la familia que la controlaba, los Quandt. Nazis hasta la médula, no dudaron en apoyar a Hitler antes y durante la guerra. Al contrario que las empresas anteriores, BMW no llegó a fabricar ningún arma como tal, pero sí compuestos o piezas igualmente necesarias para que dichas armas funcionasen. Sistemas eléctricos para submarinos o los protomisiles V-2 y motores de avión para media Luftwaffe – la fabricación de motores de avión llegó a suponer el 90% de las ventas de BMW durante la guerra – fueron los grandes filones de la marca bávara. También ayudó a tener buenos rendimientos empresariales el hecho de que la comentada familia Quandt, muy cercana a las altas esferas del NSDAP, usase hasta 50.000 esclavos para sus diversas empresas, incluyendo BMW. 

La cuestión del trabajo esclavo ha sido sin duda uno de los puntos que más debate han suscitado y que con el paso del tiempo han acabado convirtiéndose en una de las espinas de la guerra más vergonzantes para Alemania. Se calcula que en 1944, dentro de los límites del III Reich había unos 7,5 millones de estos esclavos, de los que 5,3 eran civiles y el resto prisioneros de guerra. Las grandes empresas alemanas, sobre todo las industriales, se nutrieron masivamente de este tipo de trabajador durante el conflicto. No tenían tampoco ningún tipo de limitación respecto con ellos; podían trabajar ilimitadamente, tanto como se requiriese o la fábrica considerase necesario, incluso hasta morir. Siempre había más esclavos que podían sustituir a los fallecidos. 

La química IG Farben, que casi tenía el monopolio del sector a la hora de nutrir a la Wehrmacht, llegó a instalar una fábrica en Auschwitz para tener cerca la mano de obra. 25.000 judíos murieron aproximadamente en dicha fábrica, un 70% de los que pasaron por allí. Otras empresas del sector industrial como Siemens o Krupp se aprovecharon igualmente de la mano de obra gratuita proporcionada por el régimen nazi. IG FARBEN fundado el 25 de diciembre de 1925 como una fusión de las compañías BASF, Bayer, Hoechst (incluyendo CassellaChemische Fabrik Kalle), Agfa, Chemische Fabrik Griesheim-Elektron y Chemische Fabrik vorm. Weiler Ter Meer, aunque las compañías más importantes que lo formaron habían estado trabajando juntas desde la Primera Guerra Mundial.

Hasta marcas que actualmente están tan alejadas del mundo industrial y armamentístico como son Hugo Boss o Adidas, tuvieron en aquellos años treinta y cuarenta cierta importancia para el desarrollo de la contienda. En el caso del primer nombre, conviene desmitificar ciertos aspectos que están bastante extendidos antes de seguir avanzando. Se dice que el sastre alemán diseñó los trajes de las SS por ser extremadamente afín al partido, cuando ni realizó tales diseños ni era tan acérrimo seguidor del Führer. Sí es cierto que al igual que otros muchos talleres, en el de Hugo Boss se confeccionaron prendas de ropa para el ejército alemán, pero la capacidad creativa de Boss no podía hacer nada ahí. Tenía que fabricar simplemente lo que le mandaban desde Berlín. 

La segunda corporación, la conocida marca deportiva Adidas, sí tuvo más relación con la guerra. Fundada por los hermanos Dassler en 1924, Adolf “Adi” y Rudolf, fabricaron en sus inicios material y calzado deportivo, pero cuando estalló la guerra reinventaron el negocio, pasando a fabricar además de vestimenta para el ejército el famoso lanzagranadas Panzerschrek. Ellos, al contrario que Hugo Boss, sí eran fieles seguidores de las tesis nacionalsocialistas. Cuando la guerra terminó y comenzó la “desnazificación”, Rudolf fue acusado de tener estrechos lazos con el derrotado régimen y creyendo haber sido delatado por Adolf, decidió salir de la todavía “Gebrüder Dassler Schuhfabrik” y fundar en 1949 la empresa Puma. Adolf, por su parte, renombró la empresa con su nombre y su apellido, resultando en el nacimiento de Adi-Das. 

Opel, comprada por la estadounidense General Motors justo antes de comenzar la guerra, también fabricó vehículos insignes para la motorización del ejército germano. El polivalente camión Opel Blitz, que sirvió de principio a fin en el teatro europeo y norteafricano, fue un vehículo muy avanzado para su época gracias a su tracción a las cuatro ruedas. También corrió a cargo de la empresa germano-americana la fabricación del bombardero Junker-88, diseñado por el homónimo Junker y que ha pasado a la `Historia como uno de los aviones más reconocibles de la Segunda Guerra Mundial. Hasta 15.000 unidades de este bombardero fabricó la empresa Opel antes de que sus fábricas quedasen arrasadas por los bombardeos aliados y el saqueo soviético posterior a la guerra. 

Los Socios Americanos de Hittler de History Channel

Author: por Dineroclub

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