Faber Castell

El Conde Anton-Wolfgang von Faber-Castell, presidente y CEO de Faber-Castell desde 1.978

Hoy conocerá parte de la historia de esta emblemática marca FABER CASTELL. Faber-Castell es una de las compañías alemanas más antiguas, fabricante de útiles escolares. Se inició como un taller de carpintería fundado en 1761 por Kaspar Faber, en Stein, cerca de Núremberg. Posteriormente uno de sus descendientes, Lothar Faber, convirtió el lápiz en el primer útil de escritura con marca del mundo. El matrimonio de su nieta y heredera universal, la baronesa Ottilie von Faber, con el conde Alexander zu Castell-Rüdenhausen, dio lugar al nacimiento de la marca Faber-Castell. Hoy en día, Faber-Castell continúa bajo posesión de la misma familia, la octava generación desde su fundador.

Planta Faber Castell en China

Todos los productos de Faber-Castell son manufacturados utilizando procesos y materiales ecológicos y ambientalmente sostenibles. Por ejemplo, la compañía sólo utiliza madera de su propio bosque dentro de un proyecto de reforestación y conservación en Brasil, donde se plantan y cultivan sus propios árboles en áreas que estaban deforestadas y sujetas a erosión. Faber-Castell incluso recicla el desecho de la producción de lápices para utilizarlos en abonar el suelo. Actualmente tienen plantas de producción en Alemania, Austria, Perú, India, Malasia, Costa Rica, Colombia y China.

Para comenzar nuestro análisis comencemos por mirar la evolución de sus logotipos. Como podemos ver en más de 100 años el logo ha tenido cambios, pero conservando una imagen muy tradicional, reflejo de sus dueños que poseen títulos nobiliarios.

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Marcas

Faber Castell ha creado líneas de trabajo y en cada línea ha creado nuevas marcas para identificar cierto tipo de productos.

Historia

La empresa fue fundada en 1761 por el ebanista Kaspar Faber, que montó un negocio en Stein cerca de Núremberg y de este modo colocó la piedra fundamental del actual grupo Faber-Castell. Pero el paso decisivo no fue dado hasta 1839. La industria alemana del lápiz floreció con Lothar Faber, a quien posteriormente se le concedió un título de nobleza, transformándose en Lothar von Faber. Lothar Faber fue el responsable de la existencia y la reputación mundial del lápiz en su forma y calidad actuales.

Lothar no solamente inventó el lápiz hexagonal sino también estableció las normas respecto de la longitud, grosor y graduación del lápiz. Fue también el primer fabricante que marcó sus productos con el nombre de la compañía. Los lápices “A.W. Faber” (en referencia al hijo de Kaspar Faber, Anton Wilhelm Faber) se convirtieron no sólo en los primeros elementos de escritura de marca, sino que se contaron entre los primeros artículos de marca del mundo.

En una primera etapa, las ideas de Lothar traspasaron las fronteras de Alemania, ya que en 1849 su empresa adquirió dimensiones internacionales. Primero abrió una sucursal en Nueva York para proveer de lápices al mercado estadounidense que estaba en auge. Posteriormente se establecieron subsidiarias en Londres, París, Viena y San Petersburgo.

Lothar, la cuarta generación de a familia en la empresa, fue un innovador destacdo en la historia de la familia y empresa. En reconocimiento a sus logros y servicios sociales fue nombrado barón hereditario y posteriormente consejero de la corona de Baviera. Ottilie, su nieta y heredera, contrajo matrimonio con el Conde Alexander zu Castell- Rüdenhausen, un descendiente de una de las familias aristocráticas más antiguas de Alemania. El linaje Castell se remonta hasta los condes de Franconia, quienes figuraban en un documento de 1057. El nombre es aún muy reconocido: los Castell son propietarios de la institución bancaria privada más antigua de Baviera y poseen uno de los viñedos alemanes de más antigüedad.

Alexander y Ottilie contrajeron matrimonio en 1898. En su testamento, el abuelo de Ottilie había estipulado que la compañía debería conservar el nombre Faber para siempre. Y entonces, con el consentimiento real, surgió el apellido Faber-Castell, que también se aplicó a la empresa y a la marca.

La Octava Generación Faber Castell

El Conde Antón Wolfgang von Faber-Castell tomó el control de la compañía en 1978 y ese mismo año comenzó a producir lápices de madera para la industria cosmética. Durante las dos décadas siguientes se establecieron una serie de subsidiarias y fábricas en el exterior, incluyendo Malasia (1978), la que se ha convertido desde entonces en la fábrica de gomas de borrar más grande del mundo (1980), Hong Kong (1979), una planta de producción en Indonesia (1990), y un centro de logística en la República Checa (1996). En 1997 Faber-Castell adquirió una participación mayoritaria en Tecnacril, un fabricante de instrumentos de dibujo técnico en Colombia; en India estableció oficinas de venta en Bombay y una fábrica en Goa. Un centro de fabricación y empaquetado en Cantón, China, se convirtió en el 2001 en la 15º planta de producción de Faber-Castell.

La rivalidad entre Faber y Staedtler sigue afilada

Los dos fabricantes de lápices alemanes batallan desde hace dos siglos. Una historia por demás llamativa.

Olvídense de todo lo que sepan respecto a rivalidades empresariales. Las de Apple versus Microsoft, Ford versus General Motors y Coca-Cola versus Pepsi son bebés en pañales comparadas con esta: dos fabricantes de lápices de la ciudad de Núremberg en Alemania están batallando desde antes de que cualquiera de estas marcas, o incluso muchos países, existieran.

Su más reciente duelo es por sus cumpleaños. Staedtler Mars GmbH este año festeja su aniversario número 175. En 2011, Faber-Castell AG celebrará sus 250 años.

Sin embargo, Staedtler no ha sido derrotada, porque en 2012 celebrará los 350 años de su antecedente más antiguo. En los registros de la ciudad de 1662 figura un artesano de lápices llamado Friedrich Staedtler, a quien se remonta el origen de la compañía.

“Es una competencia a lo largo de siglos”, señala el director gerente de Staedtler, Axel Marx.

Cada una destaca hitos históricos: Friedrich Staedtler fue el primer productor de lápices de madera del que exista registro y sus descendientes fueron los pioneros de los de colores en 1834. Faber, en los años 1840, fue la primera que produjo lápices de alta calidad y en 1870 registró una de las primeras marcas que existieron en Estados Unidos.

Hoy, los rivales continúan con su pelea. En Núremberg, la gente toma partido. “Son como equipos de fútbol, a la gente le gusta uno u otro”, dice Anja Hofmann, una empleada de una librería.

Faber-Castell domina el mercado de los lápices de lujo, ofreciendo maderas finas y soportes de platino. “En nuestra industria, no hay duda de que Faber-Castell es el Mercedes”, dice el conde Anton-Wolfgang von Faber-Castell, su dueño.

Staedtler es “el impulsor de la tecnología”, responde Marx. En 2007, la empresa presentó un método para fortalecer las frágiles puntas de los lápices de colores. Ahora, busca revolucionar la industria con su lápiz ecológico Wopex.

Dos siglos atrás, la competencia en Núremberg era tan intensa que los rivales se robaban artesanos entre ellos, explica Henry Petroski, profesor de la Universidad de Duke y autor de The Pencil (El lápiz), una historia de 400 páginas sobre el instrumento de escritura.

La década de 1970 fue más dura. “Quería escaparme del negocio de los lápices”, recuerda Von Faber-Castell. “Yo decía que no sólo es aburrido sino también peligroso”, porque los lápices eran productos básicos y su negocio de reglas de cálculo había sido demolido por las calculadoras de bolsillo.

No obstante, ocho generaciones de tradición lo hicieron volver. A regañadientes abandonó su carrera como banquero de inversión en Nueva York y regresó al pueblo de Stein, donde el ebanista Kasper Faber se instaló en 1761 para registrar un taller de lápices.

Esto fue casi 200 años luego de que una tormenta en el pueblo inglés de Borrowdale hiciera caer un viejo roble y revelara una sustancia oscura que los pastores empezaron a utilizar para marcar a sus rebaños. Pronto, trozos de grafito comenzaron a venderse en Europa como una nueva y sorprendente forma de escribir. Luego se comenzaron a producir soportes de madera para el grafito. El primer hombre del que se sepa que registró un negocio de lápices fue el carpintero Friedrich Staedtler, de Núremberg.

En 1995, la compañía que ahora lleva su nombre decidió celebrar 333 años de historia. Faber-Castell festejó llevándola a juicio. Los abogados del conde argumentaron que brechas de varios años entre los negocios de varios descendientes de Staedtler alrededor de 1800 interrumpían el linaje previo a 1835, cuando Johann Sebastian Staedtler estableció la compañía que sigue existiendo hoy. “Creo que clarificamos eso acerca de Staedtler en la corte”, dice Von Faber-Castell, que ganó una orden judicial.

“No podemos decir que somos la compañía de lápices más vieja”, reconoce Marx. “Pero nuestro nombre es el origen documentado de los lápices de cilindro de madera”.

Las empresas también chocaron en EE.UU. En 1849, el bisnieto de Kasper Faber, Lothar von Faber, envió a su hermano menor, Eberhard, a la Florida a asegurarse suministros de cedro para la fábrica en Stein. Lothar había desarrollado la primera producción industrial de lápices y fue el primero en vender lápices de alta calidad, marcados con el nombre A.W. Faber. Para proteger su marca, los Faber la registraron en 1870 en EE.UU. Pero peleas familiares y la Primera Guerra Mundial dividieron las marcas Faber. Para 1920, la fábrica estadounidense de Eberhard Faber no tenía lazos con los Faber de Alemania.

Cuando los derechos europeos de la marca Eberhard Faber salieron a la venta en 1978, Faber-Castell era demasiado débil como para pagar el precio. Staedtler se apoderó del nombre y comenzó a fabricar productos de Eberhard Faber.

En 2009, Marx contactó al conde y le ofreció venderle Eberhard Faber. “Llegué a la conclusión de que estábamos contribuyendo a la marca Faber”, explicó. El 1 de enero, Faber Castell recuperó los derechos europeos de la marca. El conde apunta a resucitarla.

Ambas empresas dicen que ahora son rivales amigables, pero eso puede cambiar si Staedtler piensa algo para celebrar el aniversario número 350 del registro de Friedrich en 1662. “Estamos pensando cómo hacer eso sin iniciar una nueva guerra”, explica Marx.

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Author: por Dineroclub

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