Nikola Tesla, el Genio que cambió nuestro mundo @alvarodabril

El 10 de julio del 1856 nació Nikola Tesla, un genio de la ingeniería eléctrica y autor de numerosas invenciones como, por ejemplo, la carga inalámbrica, que recién ahora empieza a aplicarse en la vida cotidiana. La vida del científico pasó por varias etapas y muchos de sus inventos fueron demonizados. Tras su muerte, cayó en el olvido durante más de 50 años, y recién en los últimos 20 años renació el interés por su figura, que hasta ahora sigue envuelta en misterio.

Su vida presenta tres facetas bien marcadas. La primera, la de su infancia y educación; la segunda está llena de éxitos, de admiración por su trabajo; la tercera, plagada de fallos. En la segunda, Nikola Tesla fue el genio, en la tercera, el científico loco.

El hijo del pastor

Nikola Tesla nació el 10 de julio de 1856 en la aldea de Smiljan, en aquel entonces parte del Imperio Austro-Húngaro, y ahora en Croacia. No obstante, por familia y religión, era serbio. Su padre Milutin y su abuelo materno eran ambos sacerdotes ortodoxos, y se esperaba que él siguiese el mismo camino.

Por otra parte, Duka, su madre, era costurera, pero no una costurera cualquiera. Parece ser que Duka tenía una habilidad especial para construir artilugios, máquinas que le ayudaran en su trabajo y en las labores del hogar. Nikola diría después que de ella heredó su memoria fotográfica, y su curiosidad. La familia la completaban tres hermanas menores, y un hermano mayor, Dane, que murió al caer de un caballo cuando Nikola tenía cinco años.

El futuro científico e inventor estudió sus primeros años en Smiljan y en la cercana villa de Gospic, donde su padre era el párroco. En 1870, la familia se mudó a Karlovac, donde Nikola entró al instituto. Ahí, según él, conoció el fenómeno de la electricidad por medio de su profesor de física, y quedó prendado por la misteriosa fuerza. Nikola era tan buen estudiante, especialmente en cálculo (era capaz de solucionar problemas en la mente), que sus maestros pensaban que hacía trampa.

Pero tuvo un gran vicio

En el tercer año de estudio, Nikola Tesla se metió en problemas. De alguna manera cogió el gusto al juego, y a las apuestas. En poco tiempo apostó y perdió su paga, y peor aún, la matrícula de la universidad. Si pronto no pagaba, lo expulsarían del politécnico, y su familia ya no podía rescatarle.

Nuestro amigo se sacó un as de la manga, y jugando recuperó sus pérdidas, pero prometió no volver a jugar. Lo malo es que durante esos días no pudo estudiar, y cuando llegaron los exámenes no estaba preparado. En 1878 abandonó Graz y se dirigió hacia el pueblo esloveno de Maribor, sin decirle nada a su familia. Le daba vergüenza no haber conseguido un título.

Al año siguiente su padre intentó convencerlo de que volviera, pero fue la policía la que le obligó, al no tener papeles. Poco después, murió Milutin, y Nikola se quedó en Gospic, dando clases en el instituto.

En 1875 comenzó la carrera de ingeniería eléctrica en la Universidad de Graz, aunque al poco tiempo la abandonó. Después de trabajar un año como ayudante de ingeniería en Eslovenia, ingresó en la Universidad Carolina de Praga influido por su padre. Tras la muerte de este unos meses más tarde, también abandonó esta institución.

Su inteligencia no precisaba titulación, ya que en 1880 consiguió otro empleo en la Compañía Nacional de Teléfonos de Hungría. Al año siguiente, Tesla ya era el jefe de electricistas de la empresa, trabajo que abandonó en 1882 para viajar hasta París, ciudad que le había reclamado para trabajar en la Continental Edison Company. Edison, en 1884, le contrató en la empresa que también regentaba en Nueva York, la Edison Machine Works.

La promesa

Hay una historia, o leyenda, que no está muy clara. Según la versión de Tesla, en 1885 Eidson le dijo que, si podía rediseñar y mejorar uno de sus generadores de corriente directa, le daría un bonus de 50,000 dólares. No hay razón para dudar al joven electricista, sin embargo, los que conocían a Edison, sabían que era muy poco generoso con los salarios. Además, la empresa no tenía en esos días tal capital.

A las pocas semanas, Tesla cumplió con su parte del reto, y cuando fue a exigir su recompensa, Edison le habría dicho que lo de los 50,000 había sido una broma. Por lo visto – dijo el patrón al empleado – no entiendes el humor estadounidense.

Durante la siguiente década Thomas Edison y Nikola Tesla protagonizaron una de las rivalidades más importantes de la ciencia moderna. La lucha dejaría cicatrices, pero también grandes avances que cambiaron al mundo.

Tesla Electric Light & Manufacturing

Ese fue el nombre elegido para la empresa fundada entre el serbio y dos inversores neoyorquinos. Su misión fue instalar sistemas de iluminación de arco eléctrico, el acostumbrado por esos días. Era un negocio naciente, y con muchas posibilidades.

Pero Tesla  estaba más interesado en la investigación y en el desarrollo de nuevos sistemas. En esa época,  diseñó algunos de sus primeros motores, y un dínamo, que le dio su primera patente en Estados Unidos. No obstante, la divergencia de intereses terminó pronto con la sociedad. Tesla también perdió los derechos de su patente, que había legado a la empresa

Desempleado y sin mucho dinero, el invierno de 1886-87 fue muy duro para el ingeniero. Tan mal lo pasó que terminó cavando zanjas para enterrar los cables de la empresa Edison. Años después contó su frustración al sentir que todos sus estudios y sus amplios conocimientos no le estaban sirviendo de nada.

Una nueva oportunidad

El destino volvió a sonreír a Tesla. Aquel invierno conoció a dos nuevos inversores. En abril de 1887, los tres fundaron una empresa donde el electricista se puso a trabajar. Lo mejor es que llegaron a un acuerdo de reparto equitativo con el que todos estuvieron conformes: un tercio de las ganancias irían a los bolsillos de Tesla, otro tercio a los de Alfred S. Brown y Charles F. Peck, sus nuevos socios, y el resto se reinvertiría en investigación y desarrollo.

Ese mismo años Tesla construyó un motor de inducción que funcionaba con Corriente Alterna en lugar del típico motor impulsado por Corriente Directa. La diferencia era que, con la primera, se podía trabajar con voltajes más altos, y a una distancia más lejana de la fuente de energía.

Tesla dijo que la idea de dicho motor se le había ocurrido cuando trabajaba en Francia. Al llegar a Nueva York, la había abandonado ante la insistencia de Edison de usar Corriente Directa.

Esta diferencia sería la base para el conflicto tecnológico más importante del siglo XIX.

 hasta mediados de la década de 1880 nadie había podido construir un motor que funcionara con AC, sin problemas. El motor de Tesla lo cambió todo.

En 1888, unos ingenieros de la Westinghouse Electric fueron testigos de una demostración del motor de Tesla, y pronto informaron a su jefe. George Westinghouse llevaba tiempo buscando algo parecido. Incluso ya estaba en negociaciones con el italiano Galileo Ferraris, que tenía su propia versión del motor de inducción.

Al final, Westinghouse eligió la patente de Tesla, y se la compró a él y a sus socios. Además, el empresario ofreció al ingeniero la fabulosa cantidad de 2.50 dólares por cada caballo de fuerza producido por sus motores, y le contrató por un año como asesor al ritmo de 2,000 dólares mensuales. Ambas cantidades eran una fortuna para la época, y tuvieron mucho que ver con el futuro de la compañía, y de Nikola Tesla.

La competencia

En aquellos años, Thomas Alva Edison era una superestrella. Desde 1869, había encadenado una serie de patentes tan prácticas como célebres: el fonógrafo, el micrófono de carbón, y claro está, la primera lámpara incandescente comercial. Tenía sentido que también entrase en el negocio de producción y distribución de electricidad, y así lo hizo.

El problema es que Edison adoptó la Corriente Directa para sus generadores. Y no es que fuera algo malo per se, sino que tenía muchas limitaciones. Por ejemplo, para mantener el voltaje, los generadores no podían estar muy lejos del consumidor, lo cual obligaba a Edison a construir muchas plantas de energía. En 1885, sólo en Nueva York tenía 22. Caro e impráctico, pero era Edison.

La AC tenía sus defensores, pero no fue hasta el invento del motor de Tesla que se le vio como una posibilidad funcional. Además, Tesla estaba inventando otros artilugios para mejorar la distribución. Por ejemplo mejoró un transformador para permitir el transporte de electricidad a cierto voltaje, y bajarlo o subirlo dependiendo de las necesidades del consumidor. Los hogares necesitaban poco voltaje, las fábricas mucho más. 
Edison no iba a quedarse con las manos cruzadas, y declaró la Guerra de las Corrientes a sus adversarios.

Juego sucio

La Guerra de las Corrientes que no fue nada corriente, hay que decirlo. A decir verdad, fue bastante sucia, como suelen ser las guerras. Pero no lo hubiese sido si Edison hubiese aceptado su derrota cuando vio la evidencia.

Cuando Westinghouse se hizo con las patentes de Tesla, comenzó a construir sus propias plantas, y a competir con Edison. La primera reacción del último fue decir que la AC era menos fiable, y más peligrosa. Para demostrarlo, Edison contó con un aliado.

Harold P. Brown era un electricista autodidacta. Entre 1876 y 1884 trabajó para varias empresas del naciente campo de la electricidad, para luego abrir su propia consultoría. En 1888, Brown saltó a la fama cuando se destacó como uno de los más ardientes enemigos de la AC, y defensor de la DC.

En realidad brown se hizo famoso por hacer diversas demostraciones en las que “probaba” que la AC era peligrosa. Para ello, electrocutaba animales en vivo y a todo color, frente a los curiosos. Brown también fue el primer promotor de la silla eléctrica, la cual debía usar AC, pues así podría equiparar a la Corriente Alterna con la muerte. Era juego sucio, pero en la Guerra de las Corrientes todo se valía. Eso sí, funcionó sólo por un tiempo.

Descubrimiento importante

El tramposo cae al pozo. En agosto de 1889, un periódico neoyorquino publicó unas cartas que demostraban que Brown estaba trabajando para Edison. No sólo recibía asesoramiento de cómo llevar a cabo la campaña, también los fondos. La silla eléctrica había sido una idea de Edison, y la electrocución de los animales, perros, caballos y hasta un elefante, fue la idea de un empleado de la Edison Electric.

Como decía, la campaña funcionó por un tiempo. La gente creyó la premisa de que la AC era más peligrosa por naturaleza que la DC. Mientras tanto, Westinghouse y Tesla hacían lo posible por demostrar lo contrario.

Cuando la Guerra de las Corrientes llegó a los tribunales y a la prensa seria, se demostró que Brown había hecho trampa en la electrocuciones de animales, utilizando siempre un voltaje más alto con la AC que con la DC. Poco a poco, la opinión pública, y la empresarial, comenzó a decantarse por la Corriente Alterna.

Victoria

En 1893, surgieron dos puntos de competencia en los que se decidiría el resultado final de la Guerra de las Corrientes. El primer campo de batalla tuvo lugar sobre la Exposición Universal Colombina de Chicago. Sus organizadores querían demostrar el poder de la electricidad como símbolo del progreso, y convocaron a las compañías eléctricas a un concurso.

Para entonces muchas de las pequeñas empresas se habían fusionado, algunas con Edison Electric, y otras con la Westinghouse. La polarización AC/DC no podía ser mayor. Las rivales hicieron sus ofertas, y al final, fue la Westinghouse, con un proyecto medio millón de dólares más económico, la que se llevó el gato al agua.

Lo mismo sucedió con el proyecto para domar la energía de las cataratas del Niágara. La Westinghouse, con las patentes y las mejoras de Tesla, ganó el contrato y construyó la planta de generación eléctrica diseñada por él. Por cierto, el inventor serbio era el único que creía que podía funcionar, y tuvo razón.

La Guerra de las Corrientes había terminado. Westinghouse, Tesla y la AC, se alzaron con la victoria sobre Edison Electric, T.A. Edison, y la DC. Por si fuera poco, los directores de la  Edison Electric decidieron apartar a su fundador por obsesionarse tanto con la DC. Edison Electric pasó a llamarse General Electric.

A la Westinghouse no le fue mejor. Debido a los altos gastos contraídos en los dos grandes contratos, y las licencias que debía pagar a Tesla, quedó al borde de la bancarrota. Sobrevivió a la Guerra de las Corrientes, pero nunca pudo aprovecharse de su bien ganada victoria.

Un autor de invenciones millonarias que murió en la pobreza

Tesla es autor de alrededor de 300 invenciones patentadas en 26 países, y de muchas otras que no fueron patentadas. La última patente que registró fue en 1928: se trataba de un biplano capaz de despegar verticalmente. Las patentes le generaron ganancias que, al traducirlas a valores actuales, eran millonarias, pero cayó en bancarrota al menos tres veces en su vida y no dejó ninguna fortuna. La causa de su bancarrota en una ocasión fue su adicción a los juegos de azar, pero lo que finalmente lo llevó a la ruina fueron los enormes gastos en sus experimentos.

Un extraordinario inventor que nunca ganó un Nobel

Tesla fue nominado una vez sin suerte al premio Nobel, pero fue galardonado con más de una decena de premios, algunos de ellos, póstumos. En 1917, fue premiado con la prestigiosa medalla Edison, justamente el nombre de su rival.

Una vida sin mujeres, y su amor por las palomas

Tesla no solo nunca se casó, sino que tampoco se relacionaba con las mujeres. En su lugar, prefería gastar su energía en la ciencia. Asimismo, el científico sentía un enorme amor por las palomas y alimentaba a miles cada día, según sus propias memorias. Incluso, se sabe que gastó un importante monto para curar a una paloma blanca con los huesos fracturados, y confesó que la amaba tanto, que hasta se convirtió en un “propósito” para su vida. 

Una vida en hoteles y las sospechas de los servicios secretos

Tesla vivió la mayor parte de su vida en hoteles, abandonando uno tras otro y dejando enormes cuentas sin pagar. En uno de estos establecimientos, el New Yorker Hotel, fue hallado a dos días de su muerte, a los 86 años, pues nadie entraba al cuarto debido al cartel que indicaba ‘no molestar’ que siempre colgaba afuera. 

 

 

 

 

Author: por Dineroclub

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