Peter Munk, el mayor productor de Oro del mundo @alvarodabril

Para Peter Munk, ser el dueño de Barrick Gold, la compañía que mayor cantidad de oro extrae en el planeta le ha brindado un importante sitio dentro del club de los grandes millonarios del planeta.  De las 335 toneladas de oro que se extrae y procesa cada año en el planeta, 170 toneladas, las procesa su emporio Barrick Gold.

Su compañía Barrick Gold 

Barrick Gold Corporation es la multinacional minera dedicada a la extracción de oro más grande del mundo, con sede en la ciudad canadiense de Toronto. Tiene más de 23 minas operativas en Estados Unidos, Canadá, Australia, Argentina, Chile, Papúa Nueva Guinea, República Dominicana y Zambia.

Durante 2013, el 50% de su producción la obtuvo de Estados Unidos y Canadá; el 25%, de Australia y la región del Pacífico; el 19% de Sudamérica y el 6% restante, de África.

En 2013, Barrick produjo 198 toneladas de oro y para 2014, la empresa está apuntando a producir 170 toneladas de oro.

Barrick, tiene varios proyectos en diferentes etapas de exploración y desarrollo, contando más de 15 países alrededor del mundo entre sus proyectos.

Peter Munk, CEO Barrick Gold.

10 cosas que Usted no conoce de Peter Munk

1. Cuando Hungría fue invadida por los nazis en 1944, el entonces Munk-adolescente y su acomodada familia huyeron de su casa de Budapest sobre el famoso tren Kasztner, que llevó a 1.600 Judíos a la libertad en Suiza. 

2. Se inició en el negocio de música, y contó Frank Sinatra y Hugh Hefner (CEO de Playboy) entre los fans de su primera empresa. En 1956 comenzó Clairtone Sound Corp. en Toronto, dedicada al ensamblaje e instalación de sistemas de sonido de alta calidad.

3. El empresario internacional desarrolló un hotel y resort lujoso en  Fiji en 1968.

4. Le encanta leer biografías y era un gran fan de la ex primera ministra británica Margaret Thatcher.

5. Antes de entrar en el mercado del oro, era un hombre que invertía en petróleo y gas. Formó Barrick Petróleos en 1980 para invertir en esa industria lucrativa.

6. Fue socio de la empresa de bienes raíces Trizec Properties, propietaria del famoso monumento de Washington, entre su amplia cartera de propiedades.

7. Compañero de la Orden de Canadá es uno de sus títulos que más le enorgullece : “Él ha considerado ser canadiense, no como una casualidad, sino como una insignia de honor que tuvo que ganar – y luego seguir ganando “.

8. Tiene casi 90 años y aún no piensa retirarse del mundo de los negocios.

9. Es un gran filántropo, conocido por donar al Hospital General de Toronto, donde se estableció el Centro Cardíaco Peter Munk en 1997. Él planea dejar la gran mayoría de su fortuna a la Fundación Caritativa Peter Munk, que tiene hasta ahora distribuido $ 160 millones de dólares, principalmente hacia la educación y la atención sanitaria.

10. Odia la práctica del golf y le encantan los planes para navegar, lo hace en la Costa Azul y Montenegro con su esposa Melanie en su yate de 40 metros que cuenta con un personal de tiempo completo.

Peter Munk

Peter Munk, propietario de Barrick Gold, la empresa extractora de Oro más importante del planeta

Barrick Gold en Suramérica

La presencia de Barrick en Sudamérica comprende las operaciones mineras de oro en Argentina (Veladero) y Perú (Lagunas Norte); y de cobre, en Chile (Zaldívar). La región cuenta además con el proyecto binacional Pascua–Lama (Argentina–Chile) y una participación del 51% en el proyecto Cerro Casale (Chile). También en Chile, tiene un proceso activo de cierre de la mina El Indio.

Hasta 1993, Barrick sólo operaba en Norteamérica, pero ese año decidió mirar hacia el resto del continente. Así, la empresa llegó a Perú y Argentina en 1993 y un año más tarde, a través de la compra de Lac Minerals, se instaló en Chile con la mina El Indio y el entonces proyecto Nevada, que más tarde pasó a llamarse Pascua–Lama.

En 2001, Barrick se fusionó con Homestake, lo que marcó la adquisición de la mina Veladero en la provincia de San Juan. Durante 2006, tras la adquisición de Placer Dome, la mina de cobre Zaldívar, ubicada en la Región de Antofagasta en Chile, pasó a formar parte de los activos de Barrick en Sudamérica.

Más allá de las actuales operaciones y proyectos, Sudamérica es un área estratégica para el crecimiento de la empresa, alcanzando en 2013 el 19% de la producción mundial de la compañía

De un inicio trágico a convertirse en uno de los hombres más ricos del planeta

Nacido en Budapest, en 1927, hijo y nieto de millonarios húngaros, la fortuna familiar se destinó a salvar sus vidas durante la Segunda Guerra Mundial. Fue en 1944 cuando su familia y más de 1600 judíos más escaparon a Suiza en un tren comprado a un nazi que se escondería durante la posguerra en la Argentina: Adolf Eichmann.

El escape resultó agridulce: Primero, porque su madre, ya divorciada de su padre, no fue parte del grupo que se salvó. La enviaron a Auschwitz, de donde finalmente también logró salir con vida.

Y segundo, porque el intermediario con Eichman fue Rudolph Kasztner, un abogado acusado luego por Israel de colaboracionista, y asesinado en 1957. “El me salvó a mí, a mi familia y a otros 1628”, lo defendió Munk en una entrevista con la cadena CBC. “Y además de eso, hay evidencia de que salvó a otras 20.000 o 30.000 personas”, afirmó.

petermunk3

Peter Munk y Cristina Fernandez de Kirchner, ex Presidenta de Argentina y muy amiga de Peter Munk.

Tras la guerra, Munk viajó a Canadá. Se recibió de ingeniero en la Universidad de Toronto – a la que décadas después donó 35 millones de dólares – y creó Clairtone, una fábrica de televisores y equipos de música que promocionó Frank Sinatra.

Con “la Voz” (Frank Sinatra) de su lado, Clairtone terminó mal. Y con la quiebra llegaron los primeros cuestionamientos contra Munk. Otro accionista lo acusó de vender su parte antes del colapso beneficiado por información privilegiada. El pleito concluyó con un arreglo extrajudicial. Munk desembolsó 21.000 dólares de la época, pero sin reconocer su culpa. Pagó, dijo, sólo porque podía complicarle su siguiente negocio.

Munk concluyó, además, que era mejor salir un tiempo de Canadá. Se radicó en Inglaterra a su mujer de toda la vida, Melanie Jane Bosanquet, con la que tuvo 5 hijos. Dos de ellos son millonarios por méritos propios -“no les di ni para comprarse un auto”, se ufanó Munk-, y otra es editora de la revista Vanity Fair . Y desde Londres apuntó tan lejos como Fiji. Desarrolló una cadena hotelera en el Pacífico Sur, que creció con el apoyo del saudita Adnan Khashoggi, el primero de una larga lista de personajes exóticos -por ser benévolos- que lo rodearían. Kashoggi es reconocido traficante de armas y amante del lujo hasta la excentricidad -su yate favorito apareció en una película de James Bond-, Khashoggi merodeó todos los grandes escándalos de los años 70 y 80. Entre otros, el Irán-contras, el BCCI, el banco de Gaith Pharaon, del megalavado y hasta la desaparición del patrimonio (malhabido, claro) de los filipinos Ferdinand e Imelda Marcos, por cientos de millones de dólares.

Peter Munk

Peter Munk

La cadena hotelera de Munk prosperó. Y la vendió por 100 millones de dólares. Pero no tuvo la misma suerte con otro proyecto turístico con Khashoggi junto a las pirámides de Egipto. Aunque el escándalo Irán-contras le abrió a Munk las puertas a su destino dorado. ¿Por qué? Porque su socio saudita le vendió en 1987 su parte en Horsham Securities, que a su vez tenía acciones en una empresa menor: Barrick.

Por entonces, la compañía se centraba en gas y petróleo. Sólo luego apuntó al oro al comprar por 62 millones de dólares una mina menospreciada en Nevada, Estados Unidos, que honró su nombre: Goldstrike. Así, Barrick pasó de valer 46 millones en 1983 a 6500 millones de dólares una década después.

En 1997, y muy lejos de los filones de Nevada, los presidentes Carlos Menem y Eduardo Frei sellaron un acuerdo que una década después calzaría perfecto para Barrick. Firmaron el Tratado de Integración y Complementación Minera para “facilitar las inversiones privadas en la frontera de ambos países”. Una suerte de “zona franca minera” o, según el presidente de la Comisión de Recursos Naturales y Conservación del Ambiente Humano, de Diputados, Miguel Bonasso, “un tercer país”.

En simultáneo, Munk se desplegó por otros continentes y negocios. Entre ellos, el inmobiliario. En 1994 tomó el control del emporio Trizec -él puso la mitad de los 750 millones de dólares que tuvieron que poner los inversores- y lo vendió en 2006 por 5400 millones. Lo que se dice un verdadero rey Midas.

Pero junto con su desembarco en Africa y la Patagonia, vinieron las denuncias. Desde Tanzania, por la suerte de 50 mineros cuentapropistas que fueron enterrados vivos, en 1996, durante un desalojo realizado por las autoridades locales. Otros fueron ejecutados, según reportes de la agencia Bloomberg, que se basó en los relatos de 28 familiares de las víctimas, funcionarios y activistas de entidades locales de derechos humanos.

Munk no quiere saber nada con esas organizaciones, a las que definió como “canallas” durante una entrevista con el Financial Times, y las acusó de carecer “de responsabilidad o transparencia”. “Cuando vamos a Tanzania o a la Argentina o a la punta de Paquistán, aplicamos los mismos estándares ambientales y antipolución que en la Columbia Británica”, afirmó durante el Foro Económico Mundial de 2007.

Sin embargo, las dos ONG sobre derechos humanos más respetadas del mundo, Amnesty International y Human Rights Watch (HRW), también criticaron a la multinacional, que de todos modos sostiene que mantiene “relaciones muy constructivas” con ambas entidades, cuyos documentos sobre Tanzania y Barrick son levantados, por ejemplo, por la Agencia para Refugiados de las Naciones Unidas (Acnur).

Aun así, la minera no cede un ápice. Ante los cuestionamientos en la Argentina, como los de Greenpeace por la destrucción de glaciares en sus minas de Veladero y Pascua Lama, el vocero jefe de Barrick, Andy Lloyd, ante la consulta de La Nacion, los califica más propios de “una novela de ciencia ficción que de la realidad”.

El ida y vuelta va más allá. También el premio Nobel de la Paz Al Gore cuestiona a Barrick. Por eso, el ex vicepresidente de Estados Unidos exigió en 2007 que la minera sacara su auspicio de la conferencia que estaba por brindar en Chile. Si no, anticipó, la cancelaría. La minera retiró sus $50.000 dólares y los derivó a programas de desarrollo en el Valle del Huasco.

En enero de 2009, Noruega fue más allá. Retiró más de $200 millones de dólares de sus fondos de pensión en inversiones en Barrick por sus daños irreparables al medio ambiente en, por ejemplo, Indonesia y Papúa Nueva Guinea.

Pero Munk continuó su camino. Cosechó condecoraciones -incluida la  Orden de Canadá, el más alto honor para un civil en ese país-, seis doctorados honoris causa y pasó a integrar el Companion of the Order, un consejo presidido por el titular de la Corte Suprema canadiense. Y en los negocios, unió fuerzas con Nathaniel Rothschild. Formaron TriGranit, una desarrolladora de bienes raíces junto a dos jugadores pesados: Bernard Arnault -fundador del imperio Louis Vuitton- y Oleg Deripaska.

Juntos invirtieron, por ejemplo, más de 200 millones de euros en un puerto para yates de lujo en Montenegro. Y juntos participaron en una fiesta, en 2009, por el cumpleaños de otro potentado: Saif al-Islam Khadafy, el hijo llamado a heredar las riendas del por entonces todopoderoso dictador libio. Aunque, según replicó Lloyd, el vocero jefe desde Toronto, “Munk no tiene ninguna relación personal con miembro alguno de la familia Khadafy”.

La tendencia de Munk para rodearse de socios poderosos o asesores opacos resulta llamativa. Desde el ex presidente George Bush padre a José “Puchi” Rohm, aquel del Banco General de Negocios (BGN), acusado de lavador y prófugo de la Justicia. 

Los reportes negativos también llovieron sobre Deripaska, su socio en TriGranit, al que Munk definió como el “constructor de un imperio”. El Wall Street Journal reveló que Estados Unidos le canceló su visa por vínculos con el crimen organizado ruso; en España lo acusaron de lavar 4 millones de euros de la mafia, y el Financial Timesdetalló sus vínculos con Sergei Popov y Anton Malevsky, dos presuntos capos del hampa. Tras ese escándalo, Barrick optó por callar.

Tanto él como su empresa también evitaron todo comentario sobre lo que la oposición en la Argentina define con sorna como “el veto Barrick”. Es decir, el primer veto a una ley de Cristina Fernández de Kirchner durante su presidencia. Fue en noviembre de 2008 y por la ley de glaciares, que de entrar en vigencia hubiera afectado los planes y las ganancias de la minera, remarcó Bonasso a La Nacion.

Con su lengua filosa, Munk aludió a la Argentina y Chile de manera más irónica. Afirmó que las presidentas Fernández de Kirchner y Michelle Bachelet le rogaron para que invirtiera: “Por favor, por favor, por favor, Barrick, por favor, ponga su dinero en nuestro país”, parafraseó durante la reunión anual de accionistas de 2008, según reportó el diario The Toronto Star. Para Lloyd, “Munk es bien conocido por sus discursos apasionados”, pero ese comentario “no tenía un sentido literal”.

Hoy Barrick gana $15 millones de dólares por día. Aunque él aclara que el dinero figura de último en su escala de motivaciones. “Para mí, el dinero no es nada más que una medida del éxito.”

Video sobre la lucha por el Oro, realizada por NatGeo. En el video conocerá más sobre Barrick Gold y Peter Munk, además de la historia global del Oro

Author: por Dineroclub

Share This Post On

Publique su Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *