Shenzhen: una villa de pescadores que se convirtió en la Silicon Valley de Asia

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Hace cuatro décadas el gobierno chino inició la frenética apertura de su economía en una antigua villa de pescadores llamada Shenzhen, al sur del gigante asiático. Hoy en día es considerada la Silicon Valley de Asia  y además la séptima ciudad con el mejor aire de China.

La ciudad de Shenzhen es un símbolo de esta transformación, ubicada en el sudeste del país, en el Delta del Río Perla y fronteriza con Hong Kong. Floreciente centro comercial, clúster de startups y gigantes empresas tecnológicas, ciudad verde pero llena de enormes rascacielos, Shenzhen era sólo hace 39 años – y como había sido desde unos 1.700 años pasados- una pequeña aldea agricultores y pescadores.

Hace 40 años China se entregó a la economía de mercado empezando por el sur. Shenzhen era entonces una villa de 30 mil habitantes (otras cifras hablan de 100 mil) dedicados a la pesca y la agricultura. A inicios de los 80, el entonces presidente Deng Xiaoping instauró la llamada Zona Económica Especial a lo largo de tierras agrícolas en la frontera de Hong Kong. “Shenzhen fue especialmente separada como parte de este plan para convertirla en una ciudad del futuro. Tres aspectos la definen: comercio, innovación y tecnología”, explica Patricia Castro, sinóloga peruana afincada en China. 

La transformación

En 1979, Deng Xiapoing, líder del partido comunista y “padre” de la reforma económica, dispuso la creación de cuatro Zonas Económicas Especiales, una de ellas en Shenzhen. El nuevo régimen habilitaba las inversiones extranjeras y la iniciativa privada, por lo que la vieja aldea fue transformada por completo para crear la infraestructura que permitiera recibirlas. Así, a principios de los 80, llegaron al lugar 20.000 constructores para edificar los primeros edificios y caminos.

La ciudad experimentó en pocos años una transformación sin precedentes: hoy hay 12.5 millones de habitantes y 49 edificios que superan los 200 metros de altura, mientras otros 48 rascacielos están en construcción.

El edificio Diwang o Shun Hing Square, es un emblema del centro financiero de Shenzhen. Mide 384 metros de alto y a principios de los 90 marcó un récord: se construyeron cuatro pisos en nueve días. Hoy se puede subir hasta el piso 69, visitar el Meridian View Center y tener una vista panorámica de la ciudad.

El Ping An Finance Centre -propiedad de una compañía de seguros china- es el cuarto edificio más alto del mundo y el primero en Sehzhen. Con 115 plantas y 599 metros de altura, se encuentra entre las montañas y la frontera con Hong Kong.

Fue también en los 90 que, en torno a la ciudad, se establecieron los primeros parques industriales. Unos años más tarde, en la década siguiente, si impulsó la creación de un centro universitario enfocado en la formación de personal altamente calificado para abastecer al sector tecnológico.

Cuatro décadas después en Shenzhen viven unos 12.5 millones de personas, la mitad de ellas cantonesas. La otra mitad está conformada por ciudadanos de otras regiones de China y también del extranjero atraídos por la bonanza de esta tierra de emprendedores. Una burguesía naciente se percibe en sus calles, centros comerciales y en su corazón financiero: todos los chinos sueñan con irse a Shenzhen. 

La ciudad experimento del despegue capitalista del país más poblado del planeta es la cuna de la marca de telecomunicaciones y teléfonos inteligentes Huawei. Fundada con 3.500 dólares por el ex militar Ren Zhengfei en 1988, actualmente conecta a un tercio de la población mundial, sus productos están disponibles en más de 170 países, emplea a 180 mil personas en todo el mundo y factura 92 billones de dólares. 

Cerca de Shenzhen, en la zona de desarrollo de la industria de alta tecnología del lago Songshan, ciudad de Dongguan, provincia de Guangdong, se encuentran las instalaciones donde actualmente se fabrica la serie de teléfonos Huawei P20. Antes de ingresar a la fábrica hay que usar unas batas, gorras y zapatos especiales, además de dejar fuera accesorios que incluyan metales. Y, por supuesto, cámaras y celulares. La producción se organiza en líneas de veinte ingenieros que intercalan sus labores con robots y máquinas automáticas que realizan desde el montaje, prueba final y embalaje de los equipos. Veinte mil trabajadores -29 años es la edad promedio- hacen turnos de ocho horas con descansos de diez minutos cada dos horas, además de una hora y media para almorzar y echar una siesta sobre los teclados. Excéntrica y sana costumbre en toda China. 

La fabricante china de teléfonos inteligentes este año ha superado en ventas por primera vez a Apple (54, 2 millones de unidades vendidas frente a 41,3) y le pisa los circuitos a Samsung (71,5 millones). Y va por más: está experimentando con tercera dimensión, mientras que apuesta por un diseño de teléfono plegable. “El teléfono plegable aportará valor a los usuarios porque tendrá pantallas más grandes en menos espacio. Creo que ese es el futuro”, explica Dr. Wang, presidente del departamento de Ingeniería de software de Huawei.

Museos y mercados

La breve e intensa historia de la ciudad a partir de la reforma económica puede verse en el Museo de Shenzhen. Un recorrido por sus tres plantas lleva desde la pequeña aldea y los trabajos de sus habitantes a la llegada de las obras, las visitas de los funcionarios, el diseño de la nueva ciudad y el avance económico, todo contado con objetos históricos, documentos y fotografías.

En el centro de la ciudad, la calle Huaquiang es la meca de los productos electrónicos. Como en cualquier otro lugar de China, es norma regatear y el dinero no conoce de barreras idiomáticas: calculadora en mano, se oferta y contraoferta hasta llegar a la cifra justa.

Una opción es el parque ecológico de Mangrove Seashore, frente a las marismas Mai Po de Hong Kong. Es un parque nacional ideal para observar aves: cerca de 200 especies migran anualmente a Mai Po y a los pantanos de Shenzhen. Además de caminar y observar aves, desde el parque pueden disfrutarse las vistas de Hong Kong.

Una posibilidad para senderismo es el monte Wutong, el más alto de Shenzhen que, además, tiene la particularidad de encontrarse en una zona urbana y ofrecer un camino costero de gran vegetación, con ríos y cascadas. Desde la ciudad se llega al pueblo de Wutongshan que ofrece alojamientos, tiendas y vista al río.

Desde el camino costero se puede llegar a playas cercanas, como Dameisha ola península de Dapeng. Dameisha es muy concurrida los fines de semana y los días de fiesta, como el Festival de la Primavera, pero las playas son de arena suave y hay actividades acuáticas. Además, hay restaurantes para probar pescados y mariscos que se pueden seleccionar en el acuario y se cocinan a la vista.

 

 

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