Kalmukia: La única e irrepetible ‘isla budista’ en Europa

La Federación de Rusia es un enorme espacio donde vive una familia de pueblos que tienen lazos forjados por un pasado en común. Cada una de las etnias que forman parte de esa familia tiene una sorprendente historia.

Quizá una de las más asombrosas sea la de los calmucos.

La tierra que habitan, Kalmukia, es extraordinaria no solo para Rusia, sino también para Europa. Aquí, los templos budistas se elevan sobre las estepas donde el cielo forma una cúpula desde el horizonte.

Los pocos lagos que tiene esta maravillosa tierra están cubiertos por plantas acuáticas, mientras los campos que parecen infinitos están llenos de una llamativa especie de antílopes conocida como saiga. Para quienes no estén habituados a estas postales, muchos paisajes les parecerán de otro planeta.

Los calmucos pertenecen a un puñado de etnias que habitan Europa desde hace siglos, pertenecen a la raza asiática y profesan el budismo. Sputnik relata la increíble historia de los ‘mongoles de Europa’.

Las tribus nómadas mongólicas, los ancestros de los calmucos, iniciaron su viaje desde sus tierras natales en la región conocida como Zungaria, en la frontera actual entre China, Rusia, Mongolia y Kazajistán.

No, su avance no tiene nada —o casi nada— que ver con las invasiones mongolas del siglo XIII. Su marcha por las inmensidades de Eurasia comenzó mucho después: se trata una época entre finales del siglo XVI y principios del siglo XVII.

Durante su marcha por Siberia, aproximadamente en el año 1603, entraron por primera vez en contacto con los exploradores rusos, explicó en una entrevista con Sputnik el doctor en Historia y catedrático de la Universidad Estatal de Kalmukia, Piotr Koltsov.
Una de las razones para las migraciones de los calmucos a Europa era la difícil situación que vivían en su zona de origen. Hubo numerosos conflictos internos dentro de las tribus mongoles, así como escasez de tierras para la ganadería
Piotr Koltsov
En cierta etapa de su avance bajaron hacia las tierras que habitan hoy desplazando a varias tribus túrquicas. Como resultado de esta ardua marcha se creó el Kanato de calmucos. Los territorios que llegaron a ocupar en Europa eran enormes y traspasaban la frontera actual de la república de Kalmukia.

Los calmucos en aquella época eran un pueblo nómada. Como los pastizales de aquel territorio se parecían a los de su región de origen en el oeste de Mongolia, decidieron quedarse allí.

La consolidación de los calmucos en las fronteras sur le convenía al Estado ruso porque eran la mejor opción para proteger este límite en la época en que el país eslavo estaba en guerra contra Turquía y sus vasallos
 Piotr Koltsov
Una parte de los calmucos decidió regresar a la región de origen de sus antecesores, Zungaria, en 1771, pero muchos se quedaron en el territorio del kanato.

Los calmucos tomaron parte en numerosos conflictos armados del lado de las tropas rusas. Cuando los comunistas llegaron al poder, crearon una región autónoma dentro de la República Soviética Federal Socialista de Rusia.

Muchos calmucos lucharon valientemente en las filas del Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, fueron deportados de sus tierras a diferentes áreas de los Urales, Siberia y Asia Central en 1943 después de que el entonces Gobierno de la URSS los acusara de haber colaborado con los nazis durante la ocupación. Su autonomía fue abolida.

En 1956, el nuevo Gobierno de la URSS declaró ilícita la deportación del pueblo calmuco, mientras que su autonomía fue restaurada en 1957. Después de la disolución de la URSS en 1991, Kalmukia pasó a formar parte de la Federación de Rusia.

Los calmucos son un pueblo autosuficiente. Cuando vinieron al sureste de Europa, contactaron con los pueblos locales y hubo una influencia mutua de culturas. Hoy en día, la mentalidad de los calmucos contemporáneos es rusa con un toque oriental
Piotr Koltsov
En la actualidad, los calmucos hablan muy bien el idioma ruso y, en general, cuentan con un muy buen nivel de educación. Sin embargo, esta etnia afronta un gran problema: la preservación de su propio idioma.

La lengua calmuca es una maravilla, ya que cuenta con su propia escritura, llamada ‘todo bichig’ o ‘escritura clara’.

Lamentablemente muy pocas personas hablan calmuco en la actualidad, especialmente en las ciudades, pero la situación mejora un poco gracias a la migración de los habitantes de los pequeños pueblos, donde se habla más, hacia la capital de la región, Elistá.

Aunque muchos saben el idioma, rara vez lo hablan en sus casas porque piensan en ruso, subrayó el catedrático entrevistado por Sputnik.

Cuando era niño nos enseñaron, incluso la matemática, en idioma calmuco, pero luego cerraron este programa y empezaron a dar todas las clases en ruso. En aquella época pensábamos en calmuco y tardamos un año en acostumbrarnos. Pero ahora el problema es totalmente diferente
 Piotr Koltsov
La columna vertebral del pueblo
Los calmucos no olvidan sus raíces y respetan las tradiciones de sus ancestros pese a todas las dificultades que enfrenaron durante su historia. Tratan de preservar sus costumbres, su arte y la memoria de su pasado, si bien hay cambios.

Quizá lo más importante para la identidad de los calmucos sea su religión: el budismo. Las creencias religiosas de los calmucos lograron sobrevivir a la persecución en la época de la URSS.

El budismo consolidó a nuestro pueblo. La religión es la columna vertebral que permite a los calmucos considerarse sí mismos una etnia, un pueblo mongólico. (…) La religión es un trago de agua para el pueblo. Es que el budismo es una religión pacifista, una filosofía
 Piotr Koltsov.
Al mismo tiempo, los rusos que viven en la república profesan el cristianismo ortodoxo, aunque están los que siguen ciertas prácticas budistas. Entre los calmucos también hay cristianos, pero su magnitud no es significativa.

La religión prospera en Kalmukia: tras la disolución de la URSS, en la capital, Elistá, y en otras partes de la república fueron erigidos varios templos budistas. Burkhan Bakshin Altan Sume —imagen del encabezado—, ubicado en Elistá, es el templo budista más grande de Europa. Este fascinante santuario también cuenta con una enorme estatua de Buda.

Paisajes extraterrestres
Kalmukia sorprende una vez que te encuentras en esta magnífica tierra. Los paisajes aquí parecen ser de fantasía, sobre todo gracias a su increíble flora y fauna. Muchos turistas vienen en la primavera para contemplar cómo los lagos se llenan de lotos que empiezan a florecer.
Además, los saigas son la especie que de verdad te hace pensar que estás en otro planeta. Los calmucos se asentaron en estas tierras cuando los saigas ya estaban aquí, por eso es incorrecto pensar que los trajeron desde Zungaria o Kazajistán.
Las migraciones de saigas no tienen nada que ver con las de los calmucos. Es decir, no fueron introducidos por aquellos nómadas, sino que desde hace mucho tiempo habitaban un territorio entre Cáucaso del Norte y la frontera este de Kazajistán
 Piotr Koltsov
El entrevistado agregó que fueron los calmucos quienes introdujeron una especie exótica para estas tierras: los camellos.
La perla de esta tierra son sus estepas que se extienden por centenares de kilómetros, y casi no tienen árboles. Es un gran espacio abierto que te llama a explorarlo, muy atractivo y al mismo tiempo enigmático.
Un viaje a Kalmukia resulta un recuerdo inolvidable, tanto por su gente como por su impecable naturaleza que tiene pocos rivales en el planeta. Una ‘isla budista’ bella y llena de sorpresas en el lugar donde se unen Europa y Asia.