Cómo llegar y qué hacer en Tristan da Cunha (Acuña), la isla habitada más remota del mundo

Remota y casi inaccesible. Así es Tristan da Cunha, un archipiélago británico conformado por cuatro islas principales: una que tiene el mismo nombre (y que con 98 km2 es la más grande), Inaccesible, Nightingale y Gough.

Se encuentra en el medio del Océano Atlántico Sur. El territorio habitado más cercano es Santa Elena, que se encuentra a 2.400 kilómetros de distancia.

No tiene aeropuertos y sólo se puede acceder por medio de embarcaciones que parten desde Ciudad del Cabo, que se encuentra a 2.800 kilómetros de distancia. El trayecto dura, habitualmente, seis días y los pasajes se tienen que reservar con meses de antelación.

Todo eso convierte a Tristan da Cunha en el territorio habitado más remoto del planeta. Un detalle que los distingue y que ellos estamparon en un cartel que se puede ver plantado ahí, y que se convierte en una de las fotografías típicas que hacen los viajeros que llegan hasta allí.

La mayoría de sus 250 habitantes (a octubre de 2018) está asentada en Edimburgo de los Siete Mares, que lleva ese nombre en honor al Príncipe Alfredo, Duque de Edimburgo, quien estuvo por ahí en 1867, como parte de su travesía por el mundo.

La geografía de la isla no ayuda a que se la pueda explorar fácilmente: tiene acantilados de más de 600 metros de altura. Gran parte del terreno es casi inhabitable e inaccesible.

La temperatura media de verano es de 24° y en invierno, de 4 grados. El clima es húmedo subtropical: las lluvias abundan, la luz solar escasea y hay mucho viento.

Tristan fue descubierta en 1503 por el marinero portugués Tristao Da Cunha, que le dio nombre al territorio. Pero durante muchos años permaneció deshabitada. Recién fue ocupada en 1816 por los británicos con el principal objetivo de evitar que fuese utilizada por los franceses como base para una operación de rescate de Napoleón Bonaparte que estaba preso en Santa Elena, tras la derrota en la batalla de Waterloo.

Algunos de esos militares británicos permanecieron allí, y junto con algunos otros que se fueron asentando a lo largo de los años comenzaron a habitar ese hostil y distante terreno, que está literalmente en el medio del océano.

La economía se basa en la pesca, agricultura y un incipiente turismo, pensado para los viajeros más intrépidos y aventureros. O quizás para aquellos ávidos de conocer sitios “diferentes”.

Se puede hacer trekking y, por ejemplo, escalar el pico más alto del volcán, de 2062 metros de altura que se llama Queen Mary. Para los amantes de la naturaleza, puede ser una gran opción: el 40% de archipiélago es parte de una reserva natural protegida, que se destaca su variada flora y fauna. De hecho, la Isla Inaccesible y la de Gough fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad en 1995.

Quienes busquen algún tipo de entretenimiento más citadino deben saber que sólo hay un café y un bar. No mucho más.

Para visitar Tristan da Cunha, hay que enviar un correo al consejo de la isla, tal como se explica en la página de gobierno. En ese mail hay que especificar nombre, edad y nacionalidad, los motivos de la visita, las fechas en que se viajará y el tipo de alojamiento que se busca.

Es necesario que el consejo autorice la visita a la isla, sino no se podrá desembarcar. Y para recibir ese permiso es posible que el gobierno requiera información extra e incluso solicite un certificado de antecedentes penales.

¿Cómo llegar a Tristán de Acuña?

  • Vuela a Ciudad del Cabo en Sudáfrica.
  • Encuentra un velero que te lleve.
  • Navega durante 18 días en uno de los mares más agitados del planeta, espera a que la niebla dé un poco de tregua y echa un vistazo a la impresionante masa de la isla principal.
  • Comienza a rezar para que los vientos se apacigüen y tengas tiempo suficiente para atracar y bajarte del bote.
  • Saca la embarcación fuera del agua antes de que las olas la rompan contra las rocas o prepárate para decirle adiós.
  • Bienvenido a Edimburgo de los Siete Mares, la capital de Tristán de Acuña (y única población).

Entretenimiento

“Es tan silencioso que se puede oír crecer la hierba”, dice Harold, que ama la paz y la tranquilidad de su tierra natal.

Y es tan seguro que “no hay cerraduras”, agrega.

Pero la conexión a internet “es mala o muy mala”.

En el lado positivo, todas las llamadas al extranjero, cuando el teléfono funciona, son gratuitas.

También hay una carretera que te lleva unos 3 km a lo largo de la costa hasta “los parches”, una serie de pequeños campos protegidos de los fuertes vientos por muros de piedra.

El pasatiempo favorito de los locales es realizar una barbacoa o un braai, una influencia de la “cercana” Sudáfrica, y es una buena oportunidad para aprovechar al máximo el ganado local.

Tocar instrumentos musicales y cantar solía ser una parte importante de la vida en la isla, pero “en estos días la mayoría de la gente prefiere pasar su tiempo libre frente a las pantallas”, dice Alasdair.