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Asentamiento Humano con dos millones de años de antigüedad

Ubicado en el corazón del este de África, el Rift es una región privilegiada para la investigación del origen humano, que cuenta con registros extraordinarios de especies humanas extintas y registros ambientales que abarcan varios millones de años. 

Durante más de un siglo, los arqueólogos y paleontólogos exploraron los afloramientos del Rift de África Oriental y desenterrando fósiles de homínidos en estudios y excavaciones. Sin embargo, la comprensión de los contextos ambientales en los que vivían estos homínidos fue difícil de alcanzar debido a la escasez de estudios ecológicos en asociación directa con los restos culturales.

La Garganta de Oldupai, ubicada en Tanzania, es uno de los sitios paleoantropológicos más importantes del mundo.

Un grupo internacional de investigadores ha desenterrado el asentamiento más antiguo hallado en la Garganta de Oldupai, en el Gran Valle del Rift (Tanzania), uno de los sitios paleoantropológicos más importantes del mundo, el cual fue incluido en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1979.

Durante la última temporada de excavaciones realizada en el sitio de Ewass Oldupa (que significa en ‘el camino a la garganta’ en la lengua local maa), el equipo descubrió a lo largo de largas secuencias de sedimentos estratificados y horizontes volcánicos evidencia material que indica la presencia de homínidos en el desfiladero hace al menos 1,8 millones de años.

Entre los objetos recuperados destacan las herramientas de piedra más antiguas encontradas en Oldupai, con una antigüedad estimada en unos 2 millones de años. Junto con los utensilios fueron recuperados restos óseos de mamíferos (ganado y cerdos salvajes, hipopótamos, panteras, leones, hienas y primates), así como de reptiles y aves.

Tras analizar la evidencia paleoarqueológica, los académicos han sugerido que el sitio fue ocupado de forma recurrente por cerca de 200.000 años, periodo en el cual se registraron cambios sensibles en el hábitat, así como en los sistemas fluviales y lacustres, lo que muestra complejas adaptaciones de comportamiento entre los primeros grupos humanos, explican los autores.

Estos hallazgos, detallan los investigadores, indican que hace dos millones de años los primeros humanos tenían la capacidad y la tecnología necesarias para explotar de forma continua una variedad de hábitats cambiantes, lo que les permitió expandirse por nuevos ecosistemas a través del continente africano y fuera de él.

Hasta el momento no se han recuperado fósiles de homínidos en Ewass Oldupa; sin embargo, fósiles de ‘Homo habilis’ han sido encontrados a solo 350 metros de distancia, en depósitos que datan de hace 1,8 millones de años. Aunque es difícil saber si el ‘Homo habilis’ estuvo presente en Ewass Oldupa, Julio Mercader, coautor del estudio, no descarta la posibilidad de que otras especies de homínidos, como los australopitecinos, también estuvieran usando y fabricando herramientas de piedra en el área, ya que se sabe de la presencia de estos homínidos en Oldupai durante ese periodo.

La Garganta de Oldupai, conocida como la Cuna de la Humanidad, ha sido de vital importancia para los investigadores para comprender la evolución de los homínidos, así como de los primeros grupos de humanos que habitaron nuestro planeta.

La investigación completa fue publicada recientemente en la revista Nature.

 




Herederos del ADN de Neandertales serían más débiles frente al COVID-19

Un grupo de investigadores de Suecia descubrió que un lapso de 6 genes ubicados en el cromosoma 3 estarían relacionados con respuestas inmunes exageradas en contra del SARS-CoV-2.

Según un nuevo estudio, heredamos una relación entre el ADN y el COVID-19 de Neandertales; nuestros antepasados extintos antepasados que lograron perpetuar algunos de sus genes a cierta parte de la población mundial.

Los científicos aún no saben por qué este segmento presenta un riesgo incrementado de sufrir los síntomas más graves del SARS-CoV-2. Pero estos nuevos hallazgos, entregan nuevas pistas a la medicina moderna para tratar la Pandemia. 

“El efecto de cruzas que ocurrió hace 60 mil años atrás, nos sigue impactando hasta hoy”, asegura Joshua Akey, genetista de la Universidad de Princeton al New York Times.

El estudio apunta a que este trozo del genoma, el cual contempla un lapso de 6 genes del Cromosoma 3, ha pasado por un intrincado viaje a través de la historia humana. Actualmente, la variante está más presente en Bangladesh, donde un 63% de las personas acarrea al menos una copia. Además, un tercio de las personas del Asia del Sur han heredado dicho segmento. 

En otras partes, sin embargo, la variación es mucho menos común. Solo un 8% de los europeos y un 4% de los asiáticos del Este lo tienen. Además, el gen es casi inexistente en África. 

Los científicos aún no aclaran cómo se produjo este patrón evolucionario de distribución a lo largo de los últimos 60 mil años. “Esa es la pregunta que nos urge responder”, aseguró Hugo Zeberg, genetista del Instituto Karolinska en Suecia y uno de los principales autores de la investigación. 

Existen dos posibilidades: una es que los genes de Neandertal son defectuosos y es por eso que se han estado volviendo cada vez más raros. La otra, es que el Cromosoma 3 ha hecho que las personas del sur asiático mejore, desarrollando respuestas inmunes más fuertes hacia diferentes tipos de virus en la región. 

“Cabe destacar que hasta ahora estos puntos son mera especulación”, apuntó Svante Paabo, coautor de la investigación y director del Instituto Max Planck de Antropología Evolucionaria en Leipzig, Alemania. 

Los investigadores sólo recientemente comenzaron a entender por qué el COVID-19 es más peligroso para unas personas que otras; por ejemplo, las personas mayores son más propensas que los jóvenes, o los hombres presentan más riesgos de desarrollar síntomas graves del coronavirus. 

Los genes también juegan un papel. El mes pasado, un grupo de científicos comparó la genética de las personas graves por COVID-19 de Italia y España, con aquellos que se infectaron levemente. Encontraron dos lugares del genoma asociados a un riesgo mayor; uno era el Cromosoma 9, que incluye un gen que determina el tipo de sangre, y el otro fue el 3, relacionado con los Neandertales. 

Los resultados se fueron actualizando rápidamente y cada día los estudios sobre el patógeno aumentan. Solo la semana pasada, un grupo internacional de científicos llamado la Iniciativa de la Genética de los Huéspedes de COVID-19lanzó nueva información que minimizó la relación entre los tipos de sangre con el riesgo de padecer los síntomas más graves del coronavirus. 

Sin embargo, los nuevos datos demostraron una relación aún más fuerte entre el virus y el Cromosoma 3; llegando incluso a afirmar que las personas que presentan dos copias de dicha variante son 3 veces más propensas a padecer las peores consecuencias del SARS-CoV-2. 

¿Cómo se propagó el virus?

Hace unos 60 mil años, algunos ancestros de los humanos modernos viajaron hacia el exterior de África, habitando Europa, Asia y Australia. Estas personas se encontraron con Neandertales y se cruzaron. Una vez que el ADN de dicho especie entró en nuestra piscina genética, se propagó durante generaciones. 

Gran parte de los genes de los Neandertales resultaron ser dañinos para los humanos modernos, afectando la salud o perjudicando la capacidad reproductiva de las personas. Es por esto, que los genes de Neandertales comenzaron a desaparecer de nuestra piscina genética. 

Aún así, algunos de aquellos genes se volvieron útiles para el desarrollo de las defensas humanas. Probablemente, porque cuando los humanos se cruzaron con la otra especie, éstos ya habían desarrollado inmunidad contra ciertas enfermedades. 

El doctor Zeberg asegura que este motivo provocaría que las personas que presentan dichos cromosomas, sean más débiles frente al COVID-19. Esta memoria inmune produciría la activación de ataques poco controlados del sistema protector del cuerpo, causando inflamaciones exageradas en pulmones y otros órganos, provocando secuelas. 

Si bien las investigación aún no son concluyentes, los expertos seguirán indagando sobre cómo las variaciones genéticas nos pueden jugar en contra en este combate en contra de la pandemia del COVID-19.